Hace unas semanas viajé hasta Jamaica. Una isla caribeña, parte de las Antillas mayores, que siempre deseé conocer.
Sabía que era la tierra del
Reggae (un género musical declarado Patrimonio Mundial Inmaterial por la
UNESCO) y el país donde nació Bob Marley (cuya figura y música están presentes
en todo el país), que el gran velocista Usail Bolt es jamaicano, que iría a la
tierra de los rastafaris, que durante cerca de siglo y medio esta isla formó
parte del imperio español, que hasta estas costas llegó Cristóbal Colón en
1494 en su segundo viaje al "Nuevo Mundo", que la influencia y
recuerdos de su pasado británico es grande y apreciable (se habla inglés, se
conduce por la izquierda, el deporte nacional es el críquet, etc., etc.) y que,
como isla caribeña, iba a encontrarme playas de ensueño, aguas cristalinas,
mucho sol, buen clima y paisajes costeros inolvidables.
Sin embargo, junto a la
indiscutible belleza de su costa, descubrí una isla verde, con mucha agua,
frondosos bosques casi impenetrables, ríos y cascadas de agua que, para
quien les escribe, fueron una sucesión de gratas sorpresas.
El viajero quedará ensimismado
con esa naturaleza exuberante y repleta de vida. Podría decirse que, desde el
aire, destaca esta gran mancha verde en medio del inmenso mar Caribe.
Esta especial orografía de
valles, colinas, ríos, selvas tropicales, rápidos y saltos de agua permite la
realización de diferentes actividades al aire libre que, desde luego, no le
pasarán desapercibidas al visitante.
Deslizarse por las alturas de
estos bosques en tirolina, recorrer caminos en quad, cruzar cascadas de agua,
practicar rafting en balsas de bambú o, simplemente, pasear por esta
privilegiada naturaleza para apreciar su flora y la fauna son actividades que
están al alcance del viajero.
Por citar un ejemplo, ¿se
imaginan escalar una caída de agua escalonada mientras bajo nuestros pies la
corriente nos dificulta el recorrido? Las cascadas del río Dunn, entre
otras, ofrecen la posibilidad de disfrutar de esta inolvidable experiencia en
plena naturaleza.
Lógico que, tan espectaculares parajes, hayan sido plató natural de numerosas películas de reconocimiento internacional.
Jamaica es, además, una isla
bastante montañosa. Destacan las famosas “Blue Mountains”, con su pico más
alto que se eleva a los 2.256 metros de altura.
Como curiosidad gastronómica, en
sus proximidades se extiende el que podríamos llamar el “corazón cafetero” de
isla. Su inigualable ubicación, el clima de esa latitud y el tipo de suelo
permiten cultivar uno de los mejores cafés del mundo.
Jamaica cuenta también con otras
importantes elevaciones como las Montañas John Crow, Dolphin Head, las montañas
Santa Cruz o Dry Harbour.
En este sentido conviene recordar
que el “Parque Nacional Montes Blue y de John Crow” fue reconocido por la
UNESCO como Patrimonio Mundial de la Humanidad.
Un nombramiento que recuerda y
pone en valor tanto su riqueza natural (famoso por su diversidad) como cultural
e histórica (su orografía agreste e intrincada permitió ser refugio de nativos
taínos y, más tarde, de los cimarrones -esclavos que escapaban y encontraban
protección entre estas montañas-).
Si buscan variedad en un solo
viaje, Jamaica es un destino que se adaptada a esos requerimientos.
Hay tanto por hacer, por
descubrir y por disfrutar que si, antes de aterrizar me lo hubieran dicho,
difícilmente les creería. Once mil kilómetros cuadrados de extensión que dan
para mucho más que playas, sol y mar Caribe.
Fácil comprender, tras realizar
este recorrido por su interior, que el nombre de Jamaica provenga de una
expresión taína que, según los historiadores, viene a significar “tierra de
madera y agua”.
Sin duda, esta isla tiene el
corazón verde.
Finaliza este post indicando que estos párrafos fueron publicados en la web del periódico español LA RAZÓN el 28/09/2026.
Jamaica, la sorpresa también está en su interior



























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