domingo, 2 de agosto de 2026

“Amada Moura”, un oasis de tranquilidad en un palacete del siglo XVIII

 

    Moura, situada en el bajo Alentejo, muy cerca de la gran presa de Alqueva (el mayor embalse de Europa occidental, conocido en Portugal como “O grande lago”) es un pequeño pueblo blanco que respira historia y raíces alentejanas por todos sus poros. Un refugio de tranquilidad donde el tiempo tiene su propio ritmo y la calma parece omnipresente.





  En el centro de esta localidad descubrimos un precioso “alojamiento boutique”. Aquí las comodidades y el lujo no son incompatibles con esta casona señorial impregnada de la secular forma de vida de esta región.




 Amada Moura (www.amada-moura.com) es sinónimo de descanso. Perfecto para evadirse, por unos días, del ruido y del estrés de la cotidianeidad.



    Apenas ocho habitaciones, todas diferentes, distribuidas en tres categorías (Suite Deluxe, Deluxe superior y Deluxe). El número perfecto para sentir el privilegio de estar en un espacio único y exclusivo, sin masificación, en el que el gusto por el detalle y la atención personalizada se aprecian a cada paso.




    Poco más de dos años de vida, inaugurado a mediados de 2024, esta gran casa alentejana del XVIII (antiguo “Palacete dos Garcias”) cobra nueva vida para disfrute de sus huéspedes.



    Bajo el paraguas empresarial del grupo hotelero que dirige Convento do Espinheiro (uno de los grandes hoteles del Alentejo), la remodelación de esta antigua casona ha tratado de preservar el alma y los orígenes de la construcción.



    Techos abovedados, salvaguarda de algunos frescos originales, respeto a la distribución de espacios existente o una piscina que mantiene la fuente inicial que existía en el patio, son ejemplos visibles de este meticuloso trabajo arquitectónico y decorativo que, en sí mismo, es un homenaje al pasado del edificio.



    El propósito es claro: crear un alojamiento en el que el trato personalizado y la excelencia sean piedras angulares de esta propuesta de descanso.



    Un oasis de calma y tranquilidad en un escenario único, donde el blanco inmaculado de paredes encaladas (apenas roto por el verde de puertas, ventanas y marcos) parece envolvernos.



       ¿Cómo no mencionar su inigualable piscina?



    Haciendo un evidente guiño a la antigua fuente que existía en el patio, rodeado de tumbonas y con la solitaria presencia de un viejo limonero, es el epicentro de este palacete y lugar ideal para, además de darse un chapuzón que mitigue los calores estivales, tomar el sol, leer un libro, saborear algún vino de la tierra o, simplemente, dejar pasar el tiempo disfrutando el momento.





    Junto a este espacio abierto, en la primera planta, descubrimos también un gran salón dominado por una imponente chimenea de mármol cuya fotografía es casi obligada.



    ¿Imagina el lector pernoctar en una habitación que cuente con capilla propia?



    Así es, conservando este espacio religioso existente del antiguo “Palacete dos Garcias”, una de sus suites mantiene este pequeño altar, evidenciando así el respeto a las distintas estancias del edificio.



    Nuestro destino no tiene restaurante donde comer o cenar, pero sí puede presumir de un extraordinario desayuno; variado y de calidad. Aquí los protagonistas son los productos de estas tierras (quesos, embutidos, dulces, frutas, panes, carnes, zumos, …).



    Reponer fuerzas con la primera comida del día en una terraza interior con vistas al patio, con la única compañía del trinar de los pájaros que parecen darnos los buenos días, es otro de los alicientes de este magnífico desayuno buffet.



    Amada Moura ofrece un lujo relajado, acogedor y cercano, en nada ostentoso.



    Su apertura al público refuerza la ya contrastada apuesta de calidad por el turismo interior de una región que es referencia en ello.

    Exclusividad, minimalismo, sencillez decorativa restaurando viejos muebles del palacete, silencio y relajación son algunas de las credenciales de este “alojamiento boutique” tan único, singular y recomendable.



    Sin duda, logran crear esa atmosfera de tranquilidad que tanto desea el huésped que se traslada hasta estas latitudes de Portugal.



    Me vienen a la memoria, mientras escribo estas líneas, las palabras de una de sus trabajadoras cuando comentaba: “aqui tudo é muito calmo”. Elocuentes palabras que avanzan lo que vamos a encontrar en Amada Moura.



    El viajero tiene, entre estos gruesos y centenarios muros, la sensación de que el tiempo es más perezoso, que las agujas del reloj se mueven con inusitada lentitud. Alentejo en estado puro y en una de sus mejores versiones.



    Proyectos e inversiones de este tipo son siempre de agradecer. A pesar de su pequeño tamaño, son grandes “investimentos” que contribuyen a luchar contra la lacra de la despoblación que sufren estos municipios.

    Ayudan a crear puestos de trabajo, mantienen y rehabilitan un patrimonio arquitectónico, promocionan las bondades de esta tierra, fomentan el consumo de productos de cercanía y, en definitiva, ayudan a mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos.

    La pregunta final es obvia, ¿por qué no pensar en Amada Moura como nuestro campo base o nuestro punto de partida y descanso si decidimos viajar a esta parte del bajo Alentejo?



    Finalizo este post indicando que estos párrafos se publicaron en la web del periódico español LA RAZÓN el 28 de julio de 2026.

“Amada Moura”, un oasis de tranquilidad en un palacete alentejano del siglo XVIII

 




domingo, 19 de julio de 2026

Moagem Industrial Lodge, dormir en un antiguo molino

 

    La capacidad de innovación, de idear nuevas posibilidades, manteniendo altos estándares de calidad es uno de los detalles, en el mundo de la hostelería, que deben ser siempre reconocidos y elogiados.



    Este elemento novedoso y original puede perfectamente aplicarse a Moagem Industrial Lodge, un singular hotel, situado en la localidad portuguesa de Viana do Alentejo, que supo dar nueva vida a lo que fue un antiguo molino de cereales (“Moinhos de Santo António”) que estuvo en funcionamiento hasta 1980.




    Importante destacar en la vida de este emblemático edificio que, tras un devastador incendio acaecido en 1946 que prácticamente lo arrasó, hubo de ser reconstruido.



    Con un diseño industrial, manteniendo en la medida de lo posible la huella del pasado de estos muros, el viajero descubrirá un espacio para el descanso sin igual, innovador, original, algo ecléctico, muy atractivo y, en cierta forma, conciliador entre el presente y el pasado de esta construcción.



    Me atrevo a decir que ese elemento diferenciador, inusual e impactante, a la vez que seductor, es “marca de la casa” si el lector observa los diferentes alojamientos y restaurantes que tiene el grupo Zero Hotels, al que pertenece Moagem, en distintas ciudades de Portugal como Oporto, Coimbra o Lisboa.



    Esta extraordinaria obra de rehabilitación, a cargo del arquitecto Gonçalo Queirós Carvalho, ha sabido mantener el alma de este molino/silo y, en cierta manera, convertirse en un merecido homenaje a cuantas personas durante años trabajaron en estas antiguas instalaciones industriales.



    Las tres palabras que forman su nombre, Moagem Industrial Lodge, son una declaración de intenciones del antes, el ahora y el futuro del hotel.



    Lo que era un antiguo molino (“Moagem”) cuyas labores industriales (“Industrial”) crearon riqueza y proporcionaron trabajo a muchos vecinos de Viana do Alentejo, es ahora un alojamiento (“lodge”) al que es difícil resistirse. Más aún, cuando advertimos su extraordinaria relación calidad/precio.



    Diecisiete amplias habitaciones (todas diferentes, pero con una estética similar), dos de ellas suites, conforman (junto a una piscina climatizada, un relajante spa con sauna y baño turco, una agradable terraza jardín, solárium, zonas comunes y un magnífico restaurante) una propuesta ciertamente seductora.




    Artefactos de toda índole (como una caja fuerte, tolvas o ruedas dentadas), mobiliario de época, balanzas, un elevador de madera, ficheros, libros de cuentas, una centralita telefónica, viejos sacos donde se cargaban y almacenaban los cereales y otros numerosos detalles decorativos (donde la madera y el hierro tiene gran protagonismo) van diseñando las diferentes estancias de este cuatro estrellas que, a pesar ese pasado y esa historia fabril, destila un incuestionable toque contemporáneo.



    Un magistral juego decorativo donde la ornamentación de antaño sabe fusionarse con otros elementos más modernos como lámparas, estanterías, sofás, cuadros o mesas. Un atractivo puzle formado por piezas que aúnan a la perfección pasado y presente. Difícil de olvidar.



    Su apuesta gastronómica está abanderada por su restaurante “Kitcken”.

    Antes de comenzar es de justicia hacer mención especial a su menú degustación. Una gratísima sorpresa, de las que cuesta olvidar y de las, seguro, que el comensal deseará repetir en otra ocasión.

    Si, por el contrario, se decantan por una cena a la carta, permítanme que les aconseje algunos platos.



    Como entrante, no duden en pedir su magnífico “tártaro de carpa, amêndoas e leche de tigre”.




    Como principal, no sabría decirles si me gustó más el “carret de porco preto e arroz de enchidos” o la “cabeça de xara, laranja e cremoso de coentros”. Dudas que sólo nos asaltan cuando nos enfrentamos a propuestas gastronómicas consistentes.



    Como final de la velada, decántense por una "sobremesa" llamada “chocolate, bolota e cogumelo”. Un postre que es, en sí mismo, un homenaje a ingredientes tan alentejanos como unas setas y unas bellotas, pero cocinados, en este caso, como plato dulce.



    En el restaurante, al frente del cual se encuentra el chef portugués Pedro Dias, sobresale su gran cocina abierta, presidida por un gran fuego central de leña (bajo una chimenea de siete metros de altura). A ambos lados, como privilegiados espectadores de la función que se va a representar, hay unas mesas alargadas, con apenas cuatro asientos cada una, donde el comensal puede ver "in situ" mientras come el proceso de elaboración de sus platos.




    Fuego y leña como hilo conductor de una trabajada propuesta gastronómica en la que, además, encontramos dos espacios adicionales más: una sala con grandes ventanales que dan mucha luminosidad a su interior y una muy agradable terraza.




    Si un entorno tan especial se acompaña de una buena técnica, calidad en el producto, un magnífico cocinado y un cuidado emplatado, estamos en el lugar correcto.



    Sobre todo, cuando apreciamos la utilización de ingredientes de proximidad, en la medida de lo posible, con un evidente respeto a las ricas y arraigadas tradiciones gastronómicas de la región. Obviamente, con el toque identitario y personal del chef.




    Todo ello regado, no podía ser de otra forma estando en el Alentejo, por una muy aceptable y variada selección de vinos, donde tienen natural protagonismo de los de estas tierras.



    Un acierto, a mi entender, elegir estas habitaciones como lugar donde recargar pilas, donde olvidarse por unos días las preocupaciones, las contrariedades y los sinsabores diarios gracias a la acogedora atmosfera de paz y tranquilidad que construye el equipo de este hotel comandado por su directora Patricia Rego. Un trato personalizado y una preocupación por cualquier detalle que es de agradecer.



    Moagem Industrial Lodge, que también realiza una decidida apuesta por la responsabilidad ambiental gracias a la utilización de paneles solares y a una gestión consciente de los residuos, es una muestra más del gran poder de atracción que tiene esta región.



    El Alentejo está de moda. Una capacidad de seducción que tienta al viajero no solo por los muchos recursos y atractivos ya conocidos (gastronómicos, culturales, urbanísticos, folclóricos, naturales, etc.) sino por ese más que impresionante abanico de grandes alojamientos de alto nivel que florecen por toda la región.




    Acabo este post indicando que estos párrafos se publicaron en la web del periódico español LA RAZÓN el 18 de julio de 2026.