Los amantes del mundo de la alta gastronomía en Portugal saben que “Midori” (palabra japonesa que significa verde) es uno de los grandes templos gastronómicos de este tipo de cocina asiática.
Hay un dato muy relevante: es el primer
restaurante japonés con estrella Michelin en el país vecino logrando, a
través de sabores sublimes, una conexión entre las culinarias de Japón y
Portugal.
Una cocina con corazón japonés
que admite influencias portuguesas. Una relación, a través de la mesa, entre
dos culturas gastronómicas completamente distintas y, como se puede apreciar
tras comer en él, perfectamente compatibles.
Abierto en 1992 en el
emblemático Penha Longa Resort de Sintra (un impresionante cinco estrellas con tres llaves Michelin), el restaurante se encuentra en uno de
los espacios más bonitos de este espectacular cinco estrellas.
Las vistas a sus cuidados
jardines con algún bonsái por medio, los evidentes aires minimalistas como base
de la decoración (acorde con la visión nipona de la vida), unos grandes
ventanales que dan luminosidad al restaurante y un mobiliario acorde al escenario
que se nos presenta, logran crear una sensación de calidez, conformando el
perfecto entorno para disfrutar una inigualable velada gastronómica de primer
nivel.
Una cocina abierta, dato éste
nada baladí, refuerza la cercanía con el comensal. Incluso, veremos cómo alguna
elaboración se prepara en la mesa, frente al comensal.
Una atmósfera cuidada, exclusiva
y refinada (con un gran mural presidiendo el local que recuerda la llegada de
los barcos portugueses a estas tierras), digna del cinco estrellas donde se
encuentra y de la merecida estrella Michelin que ostenta (junto a dos Soles
Repsol), consigue trasladarnos, en un viaje de ida y vuelta, a las tierras del
sol naciente.
Este icónico restaurante, que
responde al nombre de Midori (www.midoripenhalonga.com),
ofrece varios menús degustación ideados para el deleite y disfrute del
comensal.
Me decanté por uno llamado “Kiri”
(niebla, en japonés). Estoy convencido, para quien no es conocedor de este tipo
de cocina, que, tras su paso por estos fogones, palabras como Sakizuke (plato
de bienvenida), Hassun (una elaboración donde la estética impresionará al
comensal), Yakimono, Yasai (cuya base principal es la verdura), Omiotsuke
(caldo/sopa de estas latitudes orientales), Dezato, Sakana, Mizumono comenzarán
a resultarle familiares y de grato recuerdo.
Más allá de los platos más
conocidos y populares de la gastronomía japonesa (sushi, tempura, yakitori,
etc.), Midori nos transporta a través del paladar a un nuevo y amplio abanico
de posibilidades, en su mayoría sorprendentes para el comensal.
Esa conexión a través de la
mesa de la culinaria japonesa y nipona es evidente, no sólo en la sucesión de
vinos lusos y sakes orientales, sino en platos donde salsas tan portuguesas
como “Bulhão Pato” sirven de aliño a elaboraciones asiáticas.
Por cierto, la historia común de
ambos países queda plasmada de manera muy visible en algunos de los momentos de
su menú degustación.
En uno de ellos lo veremos a través de una curiosa y original presentación dominada por una “Cruz da Ordem de Cristo o Cruz de Portugal” (que lucían las velas de la marina portuguesa). Nos explicarán, igualmente, de dónde viene el nombre de “barcos negros”. No adelanto más.
Así pues, desde aquellos
comienzos a la actualidad han pasado muchos años. Trabajo, atrevimiento,
iniciativa, responsabilidad, producto de altísima calidad y una técnica
inmejorable han sido y son pilares de este gran proyecto que tuvo su culmen en
el reconocimiento por la más prestigiosa guía de la gastronomía mundial.
Siendo el logro de esta apreciada
estrella un hito indiscutible, también supuso un antes y un después en la vida
de todo este equipo de profesionales (Pedro Almeida, Tiago Santos, Hugo
Caneira o Eveline Borges, entre otros, son algunos de los responsables de esta
dilatada y premiada carrera).
Mantenerse en este envidiable
firmamento durante tanto tiempo es un esfuerzo y un logro que no debe pasar
desapercibido.
Un logro que debe ser recalcado
las veces que sea necesario, porque tan meritorio es conseguirlo como
conservarlo en una trayectoria tan dilatada.
Platos que asombran a los ojos
y enamoran al paladar, servicio espectacular, equilibrio de sabores,
emplatados que se quedan aparcados por mucho tiempo en la memoria. ¿Qué mejor
halago se puede decir de elaboraciones que, sin duda, son verdaderas obras de
arte efímero?
Resumiendo, y en pocas palabras: consiguen
transformar lo sofisticado en sencillo. Un pequeño/gran milagro que solo se
logra a base de técnica, valía, empeño, dedicación y tiempo. Menudo mérito.
Finalizo indicando que estos párrafos se publicaron en la web del diario español LA RAZÓN el 21 de octubre de 2026.
Midori, un viaje a Japón sin olvidar Portugal
.jpeg)




















































