martes, 13 de octubre de 2026

“Porta Nigra”, el monumento más emblemático de Tréveris


    Visitar la ciudad alemana de Tréveris, una de las más antiguas del país, es recorrer la huella romana de esta localidad y su monumento más icónico, la “Porta Nigra”.



    Esta ciudad, situada a orillas del río Mosela, pasó de ser una colonia del imperio a transformarse, a finales del siglo III, en una de las capitales de la Tetrarquía.



     Declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO en 1986 (junto con otros monumentos y edificios históricos), está considerada la puerta mejor conservada al norte de los Alpes en su estilo.



     Formaba parte del conjunto de murallas, más de seis kilómetros, que defendían la antigua “Augusta Treverorum” (actual Tréveris, o Trier, en alemán), fundada en el 16 a. de C.



    Su llamativa tonalidad negra, razón por la que popularmente se le conoce con este nombre, se debe a un proceso lento de decoloración de la piedra arenisca con la que se construyó.



    El paso del tiempo, las inclemencias meteorológicas y la contaminación han ido dándole esa tonalidad oscura, también debida a que el óxido de hierro se corroe en la arenisca.

    Datada alrededor el 170 y 180 d. de C (en tiempos del emperador Marco Aurelio), tenía un uso estratégico como baluarte defensivo y puerta de entrada a la ciudad.

    Su función era clara. Controlaba el acceso de personas y mercancías, además de puesto aduanero. Era, pues, esencial para organizar la vida en el interior de la urbe.

   Esa majestuosa presencia y sus grandes dimensiones anunciaron y proclamaron durante siglos la presencia y el poder de Roma en estas tierras.



    Así pues, casi dos milenios de historia atesora esta imponente construcción de treinta metros de altura construida con sillares de piedras (más de siete mil) traídas de canteras cercanas, algunos de casi seis toneladas.



    En su construcción no se utilizó mortero, sino grapas de hierro para ensamblar estos grandes bloques de piedra arenisca. Unas abrazaderas de metal que fueron, posteriormente, robadas en su mayoría durante la Edad Media.



     Tantos siglos de historia han ocasionado, lógicamente, que numerosas curiosidades y anécdotas históricas se sucedieran en un periodo de tiempo tan dilatado.



   Por ejemplo, durante años sirvió de morada de un monje ermitaño bizantino (Simeón), que posteriormente sería canonizado.

    En la Edad Media se construyó en su interior una iglesia de dos alturas (dedicándose la parte inferior al pueblo llano). Fue Napoleón quien, en su visita a la ciudad en 1804, ordenó que se demoliera, junto a los añadidos medievales, para que la puerta volviera al estado original romano.

    Emblema indiscutible de la ciudad, esta monumental puerta atestigua el poder y la presencia del imperio romano durante siglos por estas latitudes europeas (además de otros monumentos que han llegado hasta nuestros días como sus grandiosas termas o la espectacular basílica de Constantino, también conocida como Aula Palatina, que sirvió como salón del trono de Constantino I el Grande).










    Así pues, estamos ante un monumento icónico de esta ciudad de Renania-Palatinado (con arcos y columnas bien conservados) que ha sido y sigue siendo polo de atracción de multitud de visitantes.



    Seguramente, el más famoso de esta localidad y, sin duda, un símbolo en su tiempo del poder casi absoluto de Roma. 

    

    

     Finalizo este post indicando que estos párrafos se publicaron en la web del periódico español LA RAZÓN el 6 de septiembre de 2026.

“Porta Nigra”, el monumento más emblemático de Tréveris






sábado, 3 de octubre de 2026

Jamaica, la sorpresa también está en su interior

 


      Hace unas semanas viajé hasta Jamaica. Una isla caribeña, parte de las Antillas mayores, que siempre deseé conocer.



    Sabía que era la tierra del Reggae (un género musical declarado Patrimonio Mundial Inmaterial por la UNESCO) y el país donde nació Bob Marley (cuya figura y música están presentes en todo el país), que el gran velocista Usail Bolt es jamaicano, que iría a la tierra de los rastafaris, que durante cerca de siglo y medio esta isla formó parte del imperio español, que hasta estas costas llegó Cristóbal Colón en 1494 en su segundo viaje al "Nuevo Mundo", que la influencia y recuerdos de su pasado británico es grande y apreciable (se habla inglés, se conduce por la izquierda, el deporte nacional es el críquet, etc., etc.) y que, como isla caribeña, iba a encontrarme playas de ensueño, aguas cristalinas, mucho sol, buen clima y paisajes costeros inolvidables.




    Sin embargo, junto a la indiscutible belleza de su costa, descubrí una isla verde, con mucha agua, frondosos bosques casi impenetrables, ríos y cascadas de agua que, para quien les escribe, fueron una sucesión de gratas sorpresas.



    El viajero quedará ensimismado con esa naturaleza exuberante y repleta de vida. Podría decirse que, desde el aire, destaca esta gran mancha verde en medio del inmenso mar Caribe.



    Esta especial orografía de valles, colinas, ríos, selvas tropicales, rápidos y saltos de agua permite la realización de diferentes actividades al aire libre que, desde luego, no le pasarán desapercibidas al visitante.



    Deslizarse por las alturas de estos bosques en tirolina, recorrer caminos en quad, cruzar cascadas de agua, practicar rafting en balsas de bambú o, simplemente, pasear por esta privilegiada naturaleza para apreciar su flora y la fauna son actividades que están al alcance del viajero.







    Por citar un ejemplo, ¿se imaginan escalar una caída de agua escalonada mientras bajo nuestros pies la corriente nos dificulta el recorrido? Las cascadas del río Dunn, entre otras, ofrecen la posibilidad de disfrutar de esta inolvidable experiencia en plena naturaleza.





    Lógico que, tan espectaculares parajes, hayan sido plató natural de numerosas películas de reconocimiento internacional.





    Jamaica es, además, una isla bastante montañosa. Destacan las famosas “Blue Mountains”, con su pico más alto que se eleva a los 2.256 metros de altura.

    Como curiosidad gastronómica, en sus proximidades se extiende el que podríamos llamar el “corazón cafetero” de isla. Su inigualable ubicación, el clima de esa latitud y el tipo de suelo permiten cultivar uno de los mejores cafés del mundo.

    Jamaica cuenta también con otras importantes elevaciones como las Montañas John Crow, Dolphin Head, las montañas Santa Cruz o Dry Harbour.

    En este sentido conviene recordar que el “Parque Nacional Montes Blue y de John Crow” fue reconocido por la UNESCO como Patrimonio Mundial de la Humanidad.

    Un nombramiento que recuerda y pone en valor tanto su riqueza natural (famoso por su diversidad) como cultural e histórica (su orografía agreste e intrincada permitió ser refugio de nativos taínos y, más tarde, de los cimarrones -esclavos que escapaban y encontraban protección entre estas montañas-).

    Si buscan variedad en un solo viaje, Jamaica es un destino que se adaptada a esos requerimientos.



    Hay tanto por hacer, por descubrir y por disfrutar que si, antes de aterrizar me lo hubieran dicho, difícilmente les creería. Once mil kilómetros cuadrados de extensión que dan para mucho más que playas, sol y mar Caribe.



    Fácil comprender, tras realizar este recorrido por su interior, que el nombre de Jamaica provenga de una expresión taína que, según los historiadores, viene a significar “tierra de madera y agua”.



      Sin duda, esta isla tiene el corazón verde.



    Finaliza este post indicando que estos párrafos fueron publicados en la web del periódico español LA RAZÓN el 28/09/2026.

Jamaica, la sorpresa también está en su interior