Visitar la ciudad alemana de
Tréveris, una de las más antiguas del país, es recorrer la huella romana de
esta localidad y su monumento más icónico, la “Porta Nigra”.
Esta ciudad, situada a orillas
del río Mosela, pasó de ser una colonia del imperio a transformarse, a finales
del siglo III, en una de las capitales de la Tetrarquía.
Declarada Patrimonio Mundial de
la Humanidad por la UNESCO en 1986 (junto con otros monumentos y edificios
históricos), está considerada la puerta mejor conservada al norte de los Alpes
en su estilo.
Formaba parte del conjunto de
murallas, más de seis kilómetros, que defendían la antigua “Augusta Treverorum”
(actual Tréveris, o Trier, en alemán), fundada en el 16 a. de C.
Su llamativa tonalidad negra,
razón por la que popularmente se le conoce con este nombre, se debe a un
proceso lento de decoloración de la piedra arenisca con la que se construyó.
El paso del tiempo, las
inclemencias meteorológicas y la contaminación han ido dándole esa tonalidad
oscura, también debida a que el óxido de hierro se corroe en la arenisca.
Datada alrededor el 170 y 180 d. de C (en tiempos del emperador Marco Aurelio), tenía un uso estratégico como baluarte defensivo y puerta de entrada a la ciudad.
Su función era clara. Controlaba
el acceso de personas y mercancías, además de puesto aduanero. Era, pues,
esencial para organizar la vida en el interior de la urbe.
Esa majestuosa presencia y sus
grandes dimensiones anunciaron y proclamaron durante siglos la presencia y el
poder de Roma en estas tierras.
Así pues, casi dos milenios de
historia atesora esta imponente construcción de treinta metros de altura
construida con sillares de piedras (más de siete mil) traídas de
canteras cercanas, algunos de casi seis toneladas.
En su construcción no se utilizó
mortero, sino grapas de hierro para ensamblar estos grandes bloques de piedra
arenisca. Unas abrazaderas de metal que fueron, posteriormente, robadas en su
mayoría durante la Edad Media.
Tantos siglos de historia han
ocasionado, lógicamente, que numerosas curiosidades y anécdotas históricas se
sucedieran en un periodo de tiempo tan dilatado.
Por ejemplo, durante años sirvió
de morada de un monje ermitaño bizantino (Simeón), que posteriormente sería
canonizado.
En la Edad Media se construyó en
su interior una iglesia de dos alturas (dedicándose la parte inferior al pueblo
llano). Fue Napoleón quien, en su visita a la ciudad en 1804, ordenó que se
demoliera, junto a los añadidos medievales, para que la puerta volviera al
estado original romano.
Emblema indiscutible de la
ciudad, esta monumental puerta atestigua el poder y la presencia del imperio
romano durante siglos por estas latitudes europeas (además de otros
monumentos que han llegado hasta nuestros días como sus grandiosas termas o la
espectacular basílica de Constantino, también conocida como Aula Palatina, que
sirvió como salón del trono de Constantino I el Grande).
Así pues, estamos ante un
monumento icónico de esta ciudad de Renania-Palatinado (con arcos y columnas
bien conservados) que ha sido y sigue siendo polo de atracción de multitud de
visitantes.
Seguramente, el más famoso de esta localidad y, sin duda, un símbolo en su tiempo del poder casi absoluto de Roma.
Finalizo este post indicando que estos párrafos se publicaron en la web del periódico español LA RAZÓN el 6 de septiembre de 2026.
“Porta Nigra”, el monumento más emblemático de Tréveris
























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