miércoles, 11 de febrero de 2026

São Lourenço do Barrocal, un destino por derecho propio


    En ocasiones, una persona, un momento, una circunstancia o una experiencia se vuelven memorables. Hay algo que, en nuestro inconsciente y normalmente por un recuerdo positivo y entrañable, invita a catalogarlo como inolvidable.



    Esa es la sensación que tuve cuando regresé, en mi opinión, de uno de los mejores hoteles rurales, situados en medio del campo, de Portugal. La llave Michelin que ostenta es claro aval de estas palabras.



    Rodeado de centenares de hectáreas (casi ochocientas) entre dehesas, viñedos, frutales y olivos encontraremos un lujoso cinco estrellas de los que, sin duda, impresionan al visitante.



    Me refiero a São Lourenço do Barrocal (www.barrocal.pt), un verdadero paraíso inmerso en la naturaleza donde pernoctar entre sus paredes se convierte en un privilegio para el huésped.



    Lujo sin estridencias que fascinará hasta al más exigente de sus clientes.



    Muy cerca de la frontera española (a la altura de Villanueva del Fresno, en la provincia de Badajoz) y a poco más de dos horas de Lisboa llegamos a nuestro destino.



    Una antigua hacienda agrícola de más de doscientos años de historia (donde un cuidado camino de piedra flanqueado por una frondosa arboleda nos da la primera bienvenida) se convertirá en nuestro idílico refugio alentejano por unos días.



    Descubriremos un ambicioso proyecto hotelero que ha dado nueva vida a lo que antaño fuera una próspera granja en la que vivían más de cincuenta familias.



    Una pequeña aldea (con casas, colegio, talleres, oficinas, cobertizos para animales, huertos o plaza de toros) cuya memoria permanece en el recuerdo gracias a la respetuosa rehabilitación (conservando estructuras y diseños originales, patios, espacios comunes y calles) a cargo del conocido arquitecto (premio Pritzker) Eduardo Souto de Moura y a un elogiable trabajo decorativo que no olvida aquellos tiempos valiéndose de testimonios de ese pasado como fotografías, aperos de labranza, mapas, antigüedades o libros de contabilidad.




    Un lugar que, además de preservar este pasado agrícola y humano, no olvida y pone en valor los restos megalíticos (menhires y dólmenes), romanos o musulmanes aún presentes a lo largo de esta gran heredad.




    Siempre es importante destacar y alabar en São Lourenço do Barrocal la existencia de un claro compromiso por la sostenibilidad, por el respeto máximo al entorno, por la gestión sostenible del agua y por una decidida apuesta por las energías renovables.



    Todo está pensado para la relajación y el descanso. Un magnífico spa con productos cosméticos de primera calidad (Susanne Kaufmann), un equipado gimnasio y kilómetros de senderos para recorrer (en bicicleta, a caballo o a pie en medio de la naturaleza) son opciones que revitalizan el cuerpo y la mente.





    El color blanco, tan típico de las construcciones alentejanas, predomina tanto en el exterior de estos edificios como en el interior de sus diferentes habitaciones, suites y casas rurales. Todas ellas, de gran amplitud y dotadas de las más modernas prestaciones, presumen de una decoración sencilla cuyo diseño, acorde con el entorno, nos envuelve aún más en el lugar en el que nos encontramos.




    Dos piscinas, una para los más pequeños, son también parte de esa gran apuesta por la excelencia en el descanso.




    Sin duda, un alojamiento fuera de lo común.



    Nada debe extrañar que un hotel de estas características entre a formar parte del selecto grupo “The Leading Hotels of the World” (www.lhw.com), uno de los más exclusivos del mundo.



    ¿Cómo no mencionar su vertiente gastronómica? Cocina de proximidad y temporada que utiliza numerosos productos de la finca. Entre ellos, los procedentes de su gran huerta, la miel o los magníficos vinos y aceites de estas tierras.





    Gastronomía de altísima calidad y altos vuelos, con protagonismo lógico del recetario alentejano.

    “Sopa alentejana de tomate con ovo escalfado”, “vitela do Barrocal estufada com esmagada de batata doce e verdes da horta”, “presa de porco con migas de espargos alentejanos”, “arroz de abóbora e suas sementes com cogumelos e verdes do barrocal”, “empada de aves alentejanas com folhas verdes do Barrocal”, “perdiz de escabeche”, “costeletas de borrego, batata assada e molho de montenheira” o “bochecha de porco alentejano e açorda de bivalves” son algunas de sus irresistibles tentaciones.




    Todo ello, unido a una buena carta de vinos (con claro predominio de los de la propia bodega) y un muy variado muestrario de postres.



    Si me permiten el dulce consejo, les sugiero dos golosas propuestas: “bolo de mel e noz com sorbet de tangerina” y “brownie chocolate, amêndoa e alfarroba com gelado de aveia e pão torrado”.



    Un precioso local, amplio, luminoso y una acogedora chimenea al fondo (donde encontramos recuerdos fotográficos de la finca y de la familia propietaria) es el escenario ideal para una gran comida en la que una estudiada presentación de los platos y un magnífico servicio son también señas de identidad.




    Por cierto, no puede quedarse en el olvido su extraordinario desayuno buffet.



    Variedad, diversidad, calidad y multitud de opciones para la primera comida del día. Imposible pedir más.



    A destacar dentro de su selección de “huevos a la carta”, sus “ovos benedict” y los “ovos de tomatada presunto de porco alentejano”. La mejor manera de coger fuerzas para el día que nos espera.



    Estoy convencido que una de las cosas más importantes que resaltar de cualquier hotel es la atmósfera que el huésped aprecia y se respira en su interior. 

    São Lourenço do Barrocal, gracias a un magnífico equipo polifacético, multidisciplinar y políglota, ha logrado crear un ambiente acogedor donde es fácil sentirse cómodo y mimado.



    Presentes en todo momento y atentos a cualquier circunstancia, la hospitalidad de todos sus trabajadores y su cercanía es incuestionable. Siempre atentos a cualquier detalle, por pequeño que sea.

    En fin, mucho por ver y por disfrutar. Podría escribirles sobre su gran piscina (presidida por una gran roca de granito en una de sus esquinas), sobre la bodega de vinos (ubicada en lo que antes era el colegio de este granja agrícola), sobre su huerto ecológico, sobre su pequeña almazara y su sala de catas, sobre los restos de la plaza de toros, sobre el bar y las zonas comunes donde sentarse tranquilamente para disfrutar de una apasionante lectura mientras saboreamos un buen café, de su tienda donde comprar artesanía local y exquisiteces que llevarse a la boca, de su otro restaurante junto a la piscina, de su impresionante spa y sus salas de tratamiento y masajes, del privilegio que supone pernoctar muy próximos a Monsaraz (considerado uno de los pueblos más bonitos de Portugal) y al lago de Alqueva (el mayor lago artificial de Europa occidental), etc., etc.




    Todos ellos, estoy convencido, alicientes y argumentos de peso para conocer este preciso hotel rural.

    Sin embargo, conocedor que desde estas líneas apenas menciono algunos, les garantizo que el abanico de prestaciones que ofrece São Lourenço do Barrocal es mucho mayor.



    En definitiva, un hotel de referencia donde el tiempo, por suerte, pasa más lento.



    Lujo y exclusividad, exenta de excesos, con un enfoque sostenible y auténtico que es, en sí mismo, un destino por derecho propio.

  


    Finalizo indicando que estos párrafos se publicaron en la web del periódico español LA RAZÓN el 9 de febrero de 2026.

São Lourenço do Barrocal, un destino por derecho propio





viernes, 23 de enero de 2026

Comer junto al océano Atlántico en Cascais


    Hay hoteles que, por su trayectoria, se convierten en icónicos en una ciudad.



    La historia que les precede, una envidiable ubicación, las prestaciones que ofrecen o la atmósfera que crean pueden ser elementos decisivos para incluirlos en ese “selecto club” que los posiciona como una referencia en su entorno.



    En la cosmopolita Cascais, uno destinos de lujo de Portugal, descubrimos un cinco estrellas sin igual. Me refiero al emblemático Farol Hotel (www.farol.com.pt).



    En esta zona costera situada a solo unas decenas de kilómetros de Lisboa, antaño refugio y lugar de descanso de monarcas y aristócratas europeos, nos topamos con una preciosa casa del siglo XIX junto al océano Atlántico, ahora convertida en un espectacular y lujoso hotel. Difícil, la verdad, encontrar mejor emplazamiento.



    Su pequeño tamaño, poco más de una treintena de habitaciones, acrecienta la sensación de exclusividad, tranquilidad y descanso con las que brillan estos alojamientos que ofrecen altos estándares de calidad.




    Además de todas las comodidades que el huésped más exigente pueda imaginar, una atención personalizada y un gusto por el detalle (junto a una cuidada decoración en habitaciones y estancias comunes) son definitivas para ser merecedor de sus bien ganadas cinco estrellas.




    Decir que estamos en uno de las más representativas opciones de lujo para pernoctar en Cascais es, para quien conoce estas latitudes, una afirmación certera y contrastada.




    El huésped se siente mimado, protagonista y privilegiado al elegir este bonito palacete decimonónico que, en su momento, fuera propiedad de conde de Cabral.



    Ahora bien, hay un dato que no debemos pasar por alto. La apuesta de Farol Hotel por la vertiente gastronómica (a través de su restaurante MIX) es un pilar fundamental de su filosofía de vidaSe encuentra en su ADN siendo otro de sus grandes alicientes.



    Un restaurante, perfectamente consolidado, cuyos fogones están dirigidos por el creativo chef Sebastian Fritye.



    El nombre (“MIX”) es en sí mismo una declaración de intenciones de lo que vamos a encontrar. Una “mixtura”, un encuentro de varias cocinas de diferentes partes del mundo.




    Aires internacionales, naturalmente, con el lógico protagonismo de la culinaria portuguesa. Todo ello, acompañado por una muy buena selección de vinos que, en ocasiones, son el perfecto cómplice de cada plato.



    El ofrecimiento es claro: una experiencia refinada e inolvidable, con el Atlántico como telón de fondo, donde las tradiciones de estas tierras se enriquecen con innovadoras ideas o donde productos autóctonos se utilizan para elaboraciones foráneas.

    La gastronomía de Portugal, Japón, México, Perú o Rumanía, por ejemplo, presentes en una carta variada.

    Hay un plato que, estando donde estamos, es casi obligado probarlo. No sólo por ser típico de estas latitudes, sino por lo excelso de su elaboración. Me refiero a su “Arroz The Mix do mar“, un espectacular arroz de marisco difícil de olvidar. Puedo asegurar que es uno de los mejores que he probado.



    El mundo japonés, a través de diferentes y variadas elaboraciones de ese país, no puede estar mejor representado. Mucho tiene que ver el hecho de que en estas cocinas trabaja el sushi master Francisco Braga, que deleitará al comensal con su maestría y conocimientos.



    “Robalo grelhado com xerém de lingueirão”, “Lasanha trufada e gamo em duas texturas”, “Malandrinho de bacalhau, sames e kokotxas”, “Cataplana de bivalves e codium”, “Spring roll de leitão”, “Linguiça caseira de porco preto, ciabatta e picadinho de azeitonas e tomate”, " Rolo Thai manga", “Magret grelhado com risoto de cogumelos”, o “Fideua com espetada de lula e camarão”, junto a distintos tipos de tacos, son otras de las irresistibles propuestas de su “ementa”.




    Un ejemplo claro de esa fusión de gastronomías de diferentes partes del mundo es el “langosi com recheio de sapateira”.



    Este pan frito típico de Hungría y algunas zonas de Rumanía, de textura suave y aireada, se nos presenta acompañado con algo tan tradicional de estas aguas como la carne de una “zapateira” (buey de mar) desmigada y preparada. Centro Europa y Portugal de la mano sobre la mesa. Un indudable guiño a los orígenes rumanos de Sebastian Fritye.

    Totalmente acristalado, con unas vistas al océano, su ubicación es inmejorable. El escenario perfecto también para desayunar y coger fuerzas. 




    Todo (entorno, local, decoración, luminosidad, vistas, servicio, cubertería, emplatado, calidad del producto, etc.) invita a una comida memorable que, si viajamos a esta preciosa ciudad, hay que conocer.

    En definitiva, una apuesta segura y fácil de recomendar.




    ¿Qué les parece disfrutar de un buen coctel acompañados del sonido de las cercanas olas que rompen próximas a la terraza del hotel?

    Es lo que nos propone “Bar On the rocks”. Sea en el exterior (con una gran explanada) o en el interior del bar, la experiencia, gracias a su formidable carta de cócteles, es única.




    Cualquiera que lleve cierto tiempo en Cascáis recordará Coconuts, una famosa discoteca que en los años 80 y 90 era lugar de moda y encuentro.



    Este icónico espacio (una casa aledaña al palacete donde se encuentra el hotel) es el recinto ideal con el que Farol Hotel se ofrece para organizar eventos de mayor magnitud. Bodas, presentaciones, encuentros, coloquios y todo tipo de celebraciones pueden organizarse en un enclave sin igual.

    Así pues, si en música nos referimos a un cuarteto musical aludiendo a una agrupación de cuatro instrumentalistas o vocalistas que interpretan armónicamente diferentes sinfonías, de igual manera podemos decir que el destino de hoy nos ofrece una sinfonía de descanso, de buen comer, de tranquilidad y, si se desea, de momentos vibrantes.



    Unos armoniosos acordes compuestos por cuatro nombres: Farol Hotel, Bar On The Rocks, restaurante Mix y Coconuts.



    Finalizo indicando que estos párrafos se publicaron en la web del periódico español LA RAZÓN  el 20 de enero de 2025.

Comer junto al océano Atlántico en Cascais