sábado, 3 de octubre de 2026

Jamaica, la sorpresa también está en su interior

 


      Hace unas semanas viajé hasta Jamaica. Una isla caribeña, parte de las Antillas mayores, que siempre deseé conocer.



    Sabía que era la tierra del Reggae (un género musical declarado Patrimonio Mundial Inmaterial por la UNESCO) y el país donde nació Bob Marley (cuya figura y música están presentes en todo el país), que el gran velocista Usail Bolt es jamaicano, que iría a la tierra de los rastafaris, que durante cerca de siglo y medio esta isla formó parte del imperio español, que hasta estas costas llegó Cristóbal Colón en 1494 en su segundo viaje al "Nuevo Mundo", que la influencia y recuerdos de su pasado británico es grande y apreciable (se habla inglés, se conduce por la izquierda, el deporte nacional es el críquet, etc., etc.) y que, como isla caribeña, iba a encontrarme playas de ensueño, aguas cristalinas, mucho sol, buen clima y paisajes costeros inolvidables.




    Sin embargo, junto a la indiscutible belleza de su costa, descubrí una isla verde, con mucha agua, frondosos bosques casi impenetrables, ríos y cascadas de agua que, para quien les escribe, fueron una sucesión de gratas sorpresas.



    El viajero quedará ensimismado con esa naturaleza exuberante y repleta de vida. Podría decirse que, desde el aire, destaca esta gran mancha verde en medio del inmenso mar Caribe.



    Esta especial orografía de valles, colinas, ríos, selvas tropicales, rápidos y saltos de agua permite la realización de diferentes actividades al aire libre que, desde luego, no le pasarán desapercibidas al visitante.



    Deslizarse por las alturas de estos bosques en tirolina, recorrer caminos en quad, cruzar cascadas de agua, practicar rafting en balsas de bambú o, simplemente, pasear por esta privilegiada naturaleza para apreciar su flora y la fauna son actividades que están al alcance del viajero.







    Por citar un ejemplo, ¿se imaginan escalar una caída de agua escalonada mientras bajo nuestros pies la corriente nos dificulta el recorrido? Las cascadas del río Dunn, entre otras, ofrecen la posibilidad de disfrutar de esta inolvidable experiencia en plena naturaleza.





    Lógico que, tan espectaculares parajes, hayan sido plató natural de numerosas películas de reconocimiento internacional.





    Jamaica es, además, una isla bastante montañosa. Destacan las famosas “Blue Mountains”, con su pico más alto que se eleva a los 2.256 metros de altura.

    Como curiosidad gastronómica, en sus proximidades se extiende el que podríamos llamar el “corazón cafetero” de isla. Su inigualable ubicación, el clima de esa latitud y el tipo de suelo permiten cultivar uno de los mejores cafés del mundo.

    Jamaica cuenta también con otras importantes elevaciones como las Montañas John Crow, Dolphin Head, las montañas Santa Cruz o Dry Harbour.

    En este sentido conviene recordar que el “Parque Nacional Montes Blue y de John Crow” fue reconocido por la UNESCO como Patrimonio Mundial de la Humanidad.

    Un nombramiento que recuerda y pone en valor tanto su riqueza natural (famoso por su diversidad) como cultural e histórica (su orografía agreste e intrincada permitió ser refugio de nativos taínos y, más tarde, de los cimarrones -esclavos que escapaban y encontraban protección entre estas montañas-).

    Si buscan variedad en un solo viaje, Jamaica es un destino que se adaptada a esos requerimientos.



    Hay tanto por hacer, por descubrir y por disfrutar que si, antes de aterrizar me lo hubieran dicho, difícilmente les creería. Once mil kilómetros cuadrados de extensión que dan para mucho más que playas, sol y mar Caribe.



    Fácil comprender, tras realizar este recorrido por su interior, que el nombre de Jamaica provenga de una expresión taína que, según los historiadores, viene a significar “tierra de madera y agua”.



      Sin duda, esta isla tiene el corazón verde.



    Finaliza este post indicando que estos párrafos fueron publicados en la web del periódico español LA RAZÓN el 28/09/2026.

Jamaica, la sorpresa también está en su interior







jueves, 1 de octubre de 2026

Un pequeño crucero por el Mosela


    Los cruceros fluviales, desde hace años, se han puesto de moda en el viejo continente y son muchos los turistas que prefieren este tipo de viajes más tranquilos y relajados. 

 Danubio, Rin, Mosela, Sena, Loira, Guadalquivir o Duero (especialmente, en la parte portuguesa) son algunos de los ríos más conocidos donde disfrutar de cruceros icónicos.



    Respecto al valle del río Mosela, en Alemania, conviene recordar que este gran afluente del Rin atraviesa paisajes majestuosos, baña pintorescos pueblos llenos de encanto, es custodiado por imponentes castillos que han vigilado durante siglos a quienes navegaban sus aguas y está acompañado en ambas orillas por interminables laderas de viñedos, en numerosas ocasiones tremendamente empinadas.



    Navegamos por tierras donde se elaboran algunos de los vinos más famosos del mundo gracias al “riesling”, reconocida variedad de uva blanca típica de estas latitudes.




    Una de las capitales que atraviesa esta importante arteria fluvial es Tréveris, la antigua “Augusta Treverorum”. 



    Se dice de ella que es una de las ciudades más antiguas de Alemania, siendo su gran pasado romano perfectamente visible a través de muchos de sus más importantes monumentos. Fue, en este sentido, el Mosela una de las arterias principales utilizadas para la romanización de esta parte de Europa.






    Aunque podemos contratar cruceros de varios días, existe la posibilidad de realizar algunos de menor duración, apenas dos horas desde Tréveris.



    Como mi tiempo era limitado, no quería perder la posibilidad de navegar por estas tranquilas aguas conociendo sus puentes y las cercanías de esta preciosa ciudad del estado alemán de Renania-Palatinado.



    Un relajante paseo en el que, además de apreciar su importancia como vía de comunicación al cruzarnos con numerosos barcos de transporte, veremos también grupos de jóvenes practicando piragüismo y cuidados senderos en sus verdes orillas ideales para pasear o recorrerlos en bicicleta. 

    En fin, un pequeño crucero fluvial que generó en mí la necesidad de volver en otra ocasión para realizar otro más largo.

    



     Indicar finalmente que estos párrafos se publicaron en la edición de octubre de 2026 de la Revista Grada.