martes, 11 de noviembre de 2014

Masada, parte de la historia



  Espectacular, soberbia, impactante, sobrecogedora, orgullosa, imponente, majestuosa, grandiosa, rebelde, insurrecta, guerrera. Muchas son las palabras con las que definir  este histórico lugar. Una cosa es clara, no deja indiferente al viajero. Es la segunda vez que vengo, tras ocho años, y no dejo de tener la misma sensación de asombro que en la primera ocasión. ¡Por algo será!.


    Sobre una montaña aislada, en pleno desierto de Judea, cercana a las aguas del Mar Muerto, descubrimos una de las más impresionantes fortificaciones que el viajero pueda imaginar.  Este lugar, también conocido como la fortaleza de Herodes (ya que fue Herodes el Grande quien la remodeló para tener un refugio seguro), fue escenario de la última resistencia del pueblo judío ante el asedio de las tropas del Impero Romano comandadas por el general Lucio Flavio Silva.  


    Las tropas romanas, ante la dificultad de entrar en la fortificación, se decidieron por un asedio que duró meses levantando unas defensas alrededor de la montaña para evitar huidas de los rebeldes judíos.  
  Desde lo alto de Masada se aprecia perfectamente dónde se situaba este muro perimetral y los campamentos de los ejércitos de Roma, muy superior en número y armamento. 
  Al ser esta montaña una protección natural, de difícil acceso y fácil defensa, los comandantes romanos hubieron de idear, al “eternizarse” el asedio,  una forma original de vencer estos grandes desniveles. No es extraño que en hebrero Masada, signifique ”la fortaleza”.





    La “numantina” resistencia de los judíos acabó cuando los romanos construyeron una inmensa rampa (“agger”) con la que deslizar una torre de asalto con un gran ariete que golpeaba las murallas. La rampa, aun visible y en buen estado de conservación, se convirtió en una faraónica obra de ingeniería en su momento capaz de sortear la diferencia de altura y la gran pendiente existente.



    Al entrar, en la primavera del 73 d.c., los soldados de Lucio Flavio Silva descubrieron que sus ocupantes se habían suicidado colectivamente cuando vieron que la derrota era inminente. Prefirieron morir (hombres, mujeres y niños) a ser esclavizados. 
     La historia y detalles de este asedio la conocemos gracias a los escritos y crónicas del historiador Flavio Josefo. Dicen que, como el judaísmo prohíbe el suicidio, los hombres mataron a sus familias y diez de ellos fueron los encargados en acabar con la vida de los demás. Finalmente, un elegido entre esta decena sería el que quitaría la vida a los nueve restantes. El lugar se ha convertido en un símbolo de orgullo nacional y del ejército israelí, bajo el lema “Masada no caerá otra vez”.


    Aunque la subida puede hacerse a pie (por  el conocido “camino de la serpiente”), un moderno teleférico nos lleva a la cima de la montaña donde, con unas audio guías, podemos ir conociendo paso a paso la historia del lugar y los avatares por los que ha tenido que pasar hasta la actualidad. Una verdadera maravilla arqueológica.




    Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2001, se ha convertido en un lugar emblemático y una parada obligatoria de todo turista que visite estas tierras.


 
    Sobre la cumbre existe una pequeña planicie cuyo recorrido, además de adentrarnos en los épicos episodios del gran asedio romano, también permite hacernos una idea de las construcciones que existían en aquel momento: el palacio de Herodes, las termas, el sistema de cisternas -excavadas en la roca- para retener el agua, la sinagoga, los frescos en  las paredes, las calles, el almacén de alimentos, restos de una iglesia bizantina erigida posteriormente, canteras, torres de vigilancia, las viviendas, depósitos de víveres, palomares, etc.




 
 
    Conviene no olvidar que durante siglos quedó deshabitada y fue, entre otras cosas, refugio de monjes ermitaños.


    Subir hasta la cima y poder dominar un horizonte que regala las inolvidables vistas sobre tierras bíblicas como las montañas de Judea y el intenso azul del Mar Muerto es una sensación inenarrable. El viajero siente que tiene el privilegio de estar aquí, de pasear entre estas ruinas que hablan de un grandioso pasado.


  Quizás una buena recomendación es que veas la superproducción norteamericana protagonizada por los actores Peter O'Toole y Peter Strauss sobre Masada. Aunque con las lógicas licencias cinematográficas, y algunos errores históricos, no deja de ser una forma de comprender lo que acaeció en esta montaña y por qué desde entonces, forma parte de la historia y del corazón del pueblo judío.




    No debemos olvidar que estamos frente al Mar Muerto. Esto es sinónimo de disfrutar de una experiencia que querrás repetir
     Como sabes, el gran índice de salinidad de estas aguas permite la flotabilidad. Hay que experimentarlo. La foto típica del turista leyendo el periódico mientras flota en estas aguas es casi obligada. Quien os escribe también se la hizo. 
    Ahora bien, el Mar Muerto, la zona más baja del planeta, tiene otras posibilidades. Sus barros, contrastados científicamente, son buenos para muchas enfermedades de la piel y, debido a lo bajo que nos encontramos, el aire tiene mucho oxígeno, siendo, por tanto, un lugar muy recomendable para determinadas enfermedades respiratorias.



    ¿Qué te parece pues la idea de embadurnarte con estos barros, dejar que se sequen y bañarte en el Mar Muerto? Te va a gustar.
    ¿Qué más podemos pedir?. Un buen tándem para una excursión: “Masada y Mar Muerto”.

 
    Este reportaje se publicó en la web del periódico español LA RAZÓN el 15 de noviembre de 2014. Os dejo el link: 



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