domingo, 27 de octubre de 2013

Karni Mata, paseando entre ratas sagradas.


        Ya sé que lo he  dicho y escrito en numerosas ocasiones. Aún así, no me canso de repetirlo. ¡Cuántas ideas preconcebidas tenemos que se resquebrajan, poco a poco, cuando viajamos!. Esa pesada mochila cultural que nos acompaña allá donde vayamos se topa muchas veces con el mayor de sus contrincantes: otra realidad. Tan verdadera como la nuestra.
        Karni Mata es un claro ejemplo de ello. Conocido como el templo de las ratas, en mi opinión, para la mentalidad de un occidental, va más allá de la mera curiosidad viajera.


            Hay muchos lugares singulares en el planeta donde se adoran otros animales (vacas, serpientes, monos, tigres, leones, elefantes, etc.). Desde el origen de la Humanidad numerosas culturas han honrado a sus deidades dotándolas de una forma animal. Sin embargo, lo normal es que esos animales tuvieran una capacidad de atracción por sí mismos. Alguna cualidad o atributo (la fuerza, el vigor, la valentía, la velocidad...) les hacía merecedores de tal admiración.
            Por esta razón, resulta curioso que la rata, normalmente asociada a plagas, males y pestes, sea objeto de veneración.
            No voy a entrar en recordar las leyendas sobre los orígenes de este lugar sagrado. En internet las puedes encontrar. Te recomiendo que las leas. En esta ocasión pretendo enfocar el reportaje más en el "coche cultural" que puede suponer visitar Karni Mata. Entrar en un recinto sagrado donde se venera lo que en nuestra cultura es símbolo de desprecio y rechazo.
 

            La visita al templo ha de hacerse descalzo. Esto es común a todos los templos hinduistas como muestra de respeto. Dejaremos los zapatos en unas repisas de madera preparadas para la ocasión. No tengas miedo, nadie se los llevará.
             Tampoco debe extrañarnos hacer cola para entrar. Se ha convertido en parte de los itinerarios turísticos del Rajasthán. Por ello, junto a los fieles que se acercan, son numerosos los turistas que, cámara en mano, se atreven a entrar. También hay que decir que otros prefieren esperar en el autobús.
            Una vez en el interior veremos pulular libremente cientos de ratas, de las miles que habitan en el templo, a nuestro alrededor. La primera impresión es algo fuerte pero rápidamente uno se acostumbra a la novedosa situación. El templo no  es de grandes dimensiones y el recorrido suele ser corto. Apenas media hora es suficiente para hacernos una idea.
            En determinados puntos estratégicos hay unos recipientes con comida, agua y leche. Es en estos lugares donde lógicamente la aglomeración de roedores es mayor. Parece una fotografía obligada la de decenas de ratas bebiendo leche. Hay que decir que están totalmente habituadas a deambular entre los pies de los viandantes. Al encontrase bien alimentadas no hay problemas de que te muerdan. Al menos, eso me aseguraban los guías.
            Dicen que no es recomendado para personas aprensivas, pero mi experiencia es que no es para tanto.


           El suelo, aunque se limpia con regularidad, está lleno de orines y excrementos de estos roedores. Los tenemos que pisar. No hay otra opción. Por ello, me resultó especialmente llamativo ver cómo algunas madres dejan a sus hijos pequeños en el suelo cerca de las ratas con una naturalidad sobrecogedora.
            Obviamente, los roedores viven allí generación tras generación por la facilidad de obtener comida sin tener que realizar esfuerzo alguno. La rata es el centro de todo y todo gira a su alrededor. Por ejemplo, para que te hagas una idea, entre las diferentes estancias del templo hay unos orificios por donde se cuelan, de manera que pasan de una habitación otra a su antojo y libremente, sin obstáculo alguno. Incluso algunos patios están protegidos para evitar la entrada de aves y gatos.
            Dicen que si ves una rata de color blanco es signo  de buena suerte porque se supone que son reencarnaciones de la mismísima Karni Mata. Son muy pocas y es difícil verlas. Nosotros ese día no encontramos ninguna.


            Por cierto, como suele ocurrir en los lugares masificados de culto (en todas las religiones) a la salida hay multitud de tiendas de comida, recuerdos y regalos. La maquinaria de los negocios no entiende de espacios sagrados ni credos. 
            Lo cierto es que, al menos eso nos dijeron, durante tantos siglos han estado en este lugar miles de ratas sin que se tenga conocimiento de plagas o epidemias debidas a ellas.
 

              Ha sido una experiencia diferente en mi periplo por el Rajasthán. Durante estos días que he estado recorriendo el norte de la India he podido montar en camello, conocer este templo del que tanto había oído hablar a otros viajeros, acercarme a la ciudad de Jaipur o descubrir la belleza de un desierto (el de Rajasthán), pobre en agua, pero rico en tonalidades, colores y matices. La India impacta desde el principio. De veras, nada más salir del aeropuerto el corazón del viajero parece palpitar a un ritmo distinto que denota la alegría de estar en este inmenso país.


              Si eres amante de los viajes no te puedes perder esta parte del mundo. Ya sé que te van a contar de todo. No les quito la razón ni los argumentos  a quienes hablan con fundamentos. Mi único consejo es que te atrevas a visitarla. Es la única manera de tener tu propio criterio. Las posibilidades de que repitas son muchas.
                Una cosa es clara. No deja indiferente a nadie.


              Os dejo un video muy ilustrativo del templo realizado por el  programa "Panorama" de Panamérica Televisión.


 
             La empresa Kesari Tours organiza excelentes viajes por el Rajasthán. En la web: www.kesari.in  puedes encontrar todo tipo de información sobre India.
 

                 Este fascinante templo, cuya visita te recomiendo, se encuentra en la localidad Deshnok, a sólo 30 kilómetro de una de las ciudades más bellas del norte del país: Bikaner.  Descúbrela, disfrútala y, sobre todo, alucina con la belleza y riqueza interior del fuerte Junagarh.

 

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