viernes, 6 de noviembre de 2026

Restaurante Pan Frito, una nueva propuesta en Badajoz

 


    Siempre es de agradecer la aparición de nuevas opciones gastronómicas; más aún si es en la ciudad donde uno vive.

    Por esta razón hoy quiero hablaros del restaurante Pan Frito (www.panfrito-trstyl3.es), situado en la calle Martín Cansado, número 6, de Badajoz. Una céntrica ubicación, con aparcamiento próximo, y una buena recomendación para acercarse.




    Con el pretexto de reunirnos viejos amigos, cuyo lazo común era pasar nuestra infancia en el Santa Marta de los Barros (un pueblo situado a poco más de media hora de la capital pacense), pudimos disfrutar, además de recordar momentos felices y no tan felices vividos, de una cocina de altura, creativa y con un evidente toque personal.



    Este coqueto local, que comenzó la andadura de su nueva etapa el 23 de septiembre, propone una cocina y una visión diferente respecto al anterior.



    Mismo nombre, misma ubicación, pero una filosofía culinaria totalmente distinta. 



    Al frente de estos fogones se encuentra Juanma. Un chef joven apasionado por su trabajo, formado en la Escuela Superior de Hostelería de Mérida, que ha seguido ampliando sus conocimientos y capacitación con algunos de los grandes cocineros de este país.



    Una gran barra, ideal para beber el primer vino o una refrescante cerveza “bien tirada”, nos da la bienvenida, junto a una buena tapa, a este local coquetamente decorado. Solo falta esperar al resto de los comensales y sentarnos.



    Al fondo, el restaurante. A pesar de no ser de dimensiones grandes, han sabido mantener, algo siempre elogiable y de agradecer, una muy aceptable separación de mesas.



    La comida, regada por fantásticos vinos (no puedo olvidar “Duas Quintas”, de Ramos Pinto,  Douro 2023), fue de las que se recuerdan en la memoria por mucho tiempo, y no solo por la fantástica compañía.



    Aunque iré ilustrando con fotografías las delicias que pudimos disfrutar, no puedo dejar de mencionar algunas de ellas. “Anchoas de Santoña con falso tomate”, “caballa en escabeche de algas”, “panipuris carbonara, papada ibérica y nube de parmesano” o “pan frito de chocolate, aceite y sal”.





    Centrándonos en las elaboraciones que fueron sirviendo en mesa y leyendo con cierto detenimiento su carta, se observan varios detalles. 

    Por un lado, una apreciable combinación entre diferentes culinarias del mundo. Por citar un ejemplo, un panipuri (tan propio de la gastronomía india) con una papada ibérica.



    Por otro lado, algunas de sus elaboraciones destilan destellos de técnica perfectamente realizadas. Es el caso del falso tomate que acompaña las excelentes anchoas cántabras. No solo por la magnífica presentación del trampantojo (en la parte central del plato adquiriendo gran protagonismo junto a las anchoas), sino por la textura, sabor y cremosidad del queso que escondía en su interior.



    Ya que hablamos de trampantojos gastronómicos no escondo, siempre que pruebo alguno bien confeccionado, mi asombro por esta técnica que sabe engañar al comensal con su apariencia.  

    Ni que decir tiene que el postre que degustamos es de esos que repetiría varias veces. En forma de bolitas, con el tamaño aproximado de una albóndiga, la explosión en la boca del chocolate escondido en su interior fue soberbia. En cierta manera, este plato es un “ex libris” (una referencia de la casa) que no debemos perdernos



      El acompañamiento vínico de este postre no podía ser mejor. Lo probé junto a un magnífico Moscatel de Setúbal, uno de los vinos dulces, con Denominación de Origen Controlada, que más aprecio del país vecino. 



    En fin, una inolvidable comida con buenos amigos y un extraordinario servicio que ayuda, y mucho, a crear una atmósfera realmente agradable y acogedora. Quiero volver.




    Otro detalle que se aprecia es que no se han escatimado esfuerzos por buscar la calidad máxima en cualquier producto o ingrediente: Aceite Elizondo nº 3, Tequila José Cuervo (Reserva de la familia), etc., etc.

 



    Por cierto, para un amante de la ensaladilla rusa como quien les escribe, ver en la carta una elaboración que se llama “trío de rusas” es el argumento decisivo para retornar a Pan Frito. No quiero perdérmelo.  




     Finalizo reseñando un dato más. A mediodía, los miércoles y jueves, podemos disfrutar de un fantástico menú por solo 15 euros (bebidas no incluidas).

    Déjenme que les relacione el que, en estos momentos, está a disposición del comensal:

Primer plato: A elegir entre mejillones al dragón (con ajitos y piparras dulces), cogollo de César, rusa a elegir, minutejo de alba y chips de papas o berenjena miso.

Segundo plato: A elegir entre torraditas de bacalao "à bràs" y crema, alitas rellenas estilo karaage, canelón de bellota y setas o rotos con periquitos.

Postres: A elegir entre pan frito con chocolate, aceite y sal o lemon pie roto

     La lectura de los platos de este menú (sobre todo, ese canelón de bellota y setas que no deseo perderme), y su competitivo precio, es un motivo más para conocer Pan Frito.

 

miércoles, 4 de noviembre de 2026

Dolce Campo Real, un oasis de tranquilidad a pocos kilómetros de Lisboa


    A menos de media hora de Lisboa, cerca de Torres Vedras, descubrimos un remanso de paz pensado para el descanso y el relax.



    Una escapada perfecta en un magnífico cinco estrellas situado junto a un extraordinario campo de golf de dieciocho hoyos (diseñado por el exgolfista Donald Steel), rodeado de extensiones de viñedos (estamos en una importante zona vitivinícola portuguesa) y cercano a las bellezas naturales que ofrecen las serranías de Socorro y Archeira.



    En un marco natural tan incomparable descubrimos Dolce Campo Real (www.dolcecamporeal.com). El refugio perfecto para pasar unos días tranquilo y sin prisas. Un hotel donde dejarse mimar.




    Ciento cincuenta y una habitaciones con terraza (incluidas once espectaculares suites), tres restaurantes (Grande Escolha, Garden Terrace y Manjapão), varios bares y gran amplitud de espacios son parte de su propuesta de descanso.




     Su magnífica ubicación, no lejana a la costa atlántica, nos permite, sin cambiar de alojamiento, realizar escapadas a numerosos destinos.



     La ciudad de Torres Vedras y sus sistemas defensivos (con fortificaciones diseñadas para proteger en su momento la capital portuguesa), Ericeria (donde se encuentra la primera Reserva Mundial de Surf de Europa) o Mafra (con su impresionante Palacio Nacional, declarado por la UNESCO Patrimonio Mundial de la Humanidad en 2019) son quizás los más conocidos.

   En todo caso, permítanme que les recomiende acercarse a la imponente playa de Santa Cruz (en Silveira). Con aires salvajes y poderosos, el océano se presenta con toda su intensidad y belleza siendo sus olas un gran reclamo y punto de atracción de viajeros y surfistas.





    Centrándonos de nuevo en Dolce Campo Real Lisboa ¿Cómo no mencionar su fantástico Spa?.


    

    Situado en la planta baja, sus setecientos metros cuadrados y numerosas salas de tratamiento lo convierten en el plan perfecto para recargar pilas y dejarse querer entre relajantes masajes y un placentero circuito de aguas. Recuerden pues este nombre: “Amai Spa”.



    La amplitud de espacios y las grandes dimensiones de sus salones (cuentan con todos los adelantos y la tecnología audiovisual necesaria para albergar cualquier tipo de evento) lo posicionan como un destino perfecto para la organización de conferencias, presentaciones, celebraciones, bodas y encuentros comerciales.




    Un gimnasio totalmente equipado disponible todo el día, zona específica para practicar yoga, amplio kids club, gran piscina exterior con jacuzzi y un campo de tenis son otras opciones de ocio y diversión.




    Obviamente, los amantes del golf tienen aquí un paraíso donde practicar su deporte favorito.



    Abierto para todo tipo de huéspedes (matrimonios, familias, reuniones de negocios, teletrabajo, golfistas o clientes que simplemente quieren desconectar), el abanico de motivos por los que acercarse a conocer Dolce Campo Real es amplio y variado.

    No debe pasarse por alto el claro compromiso con la sustentabilidad, así como una decidida y activa conciencia ambiental que ha sido reconocida en numerosas ocasiones.

    El silencio y la serenidad, que parecen ser parte de este idílico entorno, son dos de las grandes bazas que nos presenta este aconsejable cinco estrellas. Un oasis de tranquilidad cerca de la gran, cosmopolita, turística y bulliciosa Lisboa.



     La propuesta gastronómica es tan apetecible que no es necesario salir de este complejo hotelero para disfrutar de una cocina de altura.

    Déjenme que haga especial hincapié en su restaurante “Grande Escolha”. Basado en una gastronomía que combina los sabores de la tierra con propuestas de la cocina internacional, sabe cautivar -y de qué manera- al comensal con sus elaboraciones.



     Un precioso salón con grandes ventanales al campo de golf presidido por una chimenea en la parte central, un magnífico servicio y un delicado cuidado en los detalles (decoración, iluminación, separación de mesas, mantelería, cubertería, cristalería, etc.) consiguen crear un ambiente acogedor y muy propicio para disfrutar de la velada.



    Todo ello, con el aliciente adicional de una cocina abierta, creando una sensación de cercanía con estos fogones.



    Su “ementa”, desde luego, ofrece irresistibles propuestas. Por citar algunas, “Salada de polvo”, “Peixinhos da horta em tempura com maionesa de lima”, “Camarão tigre grelhado”, “Ceviche vegan de abacaxi e abacate”, “Filete de robalo braseado”, “Vazia nacional”, “Costeletas de paladares alentejanos” o “Carré de borrego da Nova Zelándia”.






    ¿Qué les parece si, además, lo acompañamos con los buenos vinos de la tierra? Seguro, que la cena será inolvidable.

   En definitiva, un hotel que reúne sobrados argumentos para acercarnos a conocerlo.



   Recordar finalmente que estos párrafos se publicaron en la web del periódico español LA RAZÓN el 3 de noviembre de 2026.

Dolce Campo Real, un oasis de tranquilidad a pocos kilómetros de Lisboa









ç