Hace unos días retornaba de Skopje,
la capital de Macedonia del norte, un pequeño país, independiente desde año 1991,
que anteriormente formaba parte de la República Federal Socialista de
Yugoslavia.
Esta nación, de alrededor de dos millones de habitantes, está inmersa desde hace años en un completo proceso de transformación social en multitud aspectos (políticos, económicos, urbanísticos, de infraestructuras, turísticos o educativos). Sin duda, un novedoso y atrayente destino que hay que conocer.
Mientras recorría esta ciudad fue
conociendo su rica historia, su diversidad cultural y religiosa, apreciando las
influencias y la huella -en diferentes vertientes de la vida- de los imperios y
civilizaciones que pasaron a lo largo de los siglos por estas tierras y, sobre
todo, me informaron que hay una fecha que supuso un antes y un después en su
historia: el 26 de julio de 1963.
Ese fatídico día un terremoto de
gran magnitud causó más de mil muertos y destruyó alrededor del setenta por ciento de la capital. Decenas de países de todos los rincones del mundo, ante la dimensión de desastre, acudieron al
llamamiento realizado por Naciones Unidas enviando ayuda de todo tipo
(económica, medicinas, suministros, alimentos, equipos de ingenieros, personal
especializado, ….).
Décadas después, siendo Macedonia del norte ya independiente, el famoso “Plan Skopje 2014” supuso un megaproyecto que trató de modernizar y de regenerar muchas zonas destrozadas.
Consiguió
cambiar su imagen a través de ingentes construcciones antisísmicas que dieron una nueva cara
a esta parte de la ciudad. Se erigieron nuevos puentes sobre el rio Vardar, grandes
museos e impresionantes edificios gubernamentales.
Este plan incluía la
ornamentación de estos espacios públicos con fuentes, paseos y más de mil
estatuas. Se transformó de tal manera el paisaje y el trazado urbano de Skopje
que, a día de hoy, tiene también el sobrenombre de la “ciudad de las mil
estatuas”.
En la actualidad, gracias a los numerosos
vuelos directos y a ese cambio radical, esta capital se ha
convertido en un nuevo y, en cierta forma, exótico polo de atracción turística.
Pues bien, mientras paseaba por
la plaza Macedonia (dominada en su parte central por la gran estatua ecuestre
de Alejandro Magno) nos aconsejaron probar una nutritiva bebida llamada Salep.
Al parecer, muy cerca, se
encuentra la famosa cafetería Bistro (“Кафетерија Бистро”) donde muchos
turistas se acercan a probarla por ser uno de los lugares de esta capital donde mejor
la preparan.
Siguiendo las instrucciones de
nuestro guía, allí fuimos y pudimos disfrutar de esta bebida dulce (de textura algo
espesa), muy típica de estas tierras, cuyos orígenes provienen,
según me comentaron, de Turquía y Oriente Medio. Elaborada con harina de raíces
de orquídeas silvestres, leche o agua, azúcar y canela es ideal para entrar en calor
en días de invierno.
Así pues, a la agradable sorpresa de conocer una curiosa ciudad se unió otra, en este caso, de tipo gastronómica. Ese día hacia frio y tan reconstituyente, goloso y nutritivo descubrimiento, además de permitirnos entrar en calor, supuso otro recuerdo más para llevarme a casa.
Macedonia del norte es un país seguro, barato y con un importante poso cultural que merece ser conocido.
Si están pensando en algo distinto, fuera de las rutas turísticas clásicas europeas déjenme que les aconseje Skopje. Sinceramente, creo que les gustará.
Finalizo recordando que estos párrafos se publicaron en la revista Grada.







No hay comentarios:
Publicar un comentario