domingo, 1 de marzo de 2026

Mi primer Salep en Skopje


    Hace unos días retornaba de Skopje, la capital de Macedonia del norte, un pequeño país, independiente desde año 1991, que anteriormente formaba parte de la República Federal Socialista de Yugoslavia.



    Esta nación, de alrededor de dos millones de habitantes, está inmersa desde hace años en un completo proceso de transformación social en multitud aspectos (políticos, económicos, urbanísticos, de infraestructuras, turísticos o educativos). Sin duda, un novedoso y atrayente destino que hay que conocer.

    Mientras recorría esta ciudad fue conociendo su rica historia, su diversidad cultural y religiosa, apreciando las influencias y la huella -en diferentes vertientes de la vida- de los imperios y civilizaciones que pasaron a lo largo de los siglos por estas tierras y, sobre todo, me informaron que hay una fecha que supuso un antes y un después en su historia: el 26 de julio de 1963.


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    Ese fatídico día un terremoto de gran magnitud causó más de mil muertos y destruyó alrededor del setenta por ciento de la capital. Decenas de países de todos los rincones del mundo, ante la dimensión de desastre, acudieron al llamamiento realizado por Naciones Unidas enviando ayuda de todo tipo (económica, medicinas, suministros, alimentos, equipos de ingenieros, personal especializado, ….).

    Décadas después, siendo Macedonia del norte ya independiente, el famoso “Plan Skopje 2014” supuso un megaproyecto que trató de modernizar y de regenerar muchas zonas destrozadas




    Consiguió cambiar su imagen a través de ingentes construcciones antisísmicas que dieron una nueva cara a esta parte de la ciudad. Se erigieron nuevos puentes sobre el rio Vardar, grandes museos e impresionantes edificios gubernamentales.



    Este plan incluía la ornamentación de estos espacios públicos con fuentes, paseos y más de mil estatuas. Se transformó de tal manera el paisaje y el trazado urbano de Skopje que, a día de hoy, tiene también el sobrenombre de la “ciudad de las mil estatuas”.





    En la actualidad, gracias a los numerosos vuelos directos y a ese cambio radical, esta capital se ha convertido en un nuevo y, en cierta forma, exótico polo de atracción turística.




    Pues bien, mientras paseaba por la plaza Macedonia (dominada en su parte central por la gran estatua ecuestre de Alejandro Magno) nos aconsejaron probar una nutritiva bebida llamada Salep.



    Al parecer, muy cerca, se encuentra la famosa cafetería Bistro (“Кафетерија Бистро”) donde muchos turistas se acercan a probarla por ser uno de los lugares de esta capital donde mejor la preparan.

    Siguiendo las instrucciones de nuestro guía, allí fuimos y pudimos disfrutar de esta bebida dulce (de textura algo espesa), muy típica de estas tierras, cuyos orígenes provienen, según me comentaron, de Turquía y Oriente Medio. Elaborada con harina de raíces de orquídeas silvestres, leche o agua, azúcar y canela es ideal para entrar en calor en días de invierno.



    Así pues, a la agradable sorpresa de conocer una curiosa ciudad se unió otra, en este caso, de tipo gastronómica. Ese día hacia frio y tan reconstituyente, goloso y nutritivo descubrimiento, además de permitirnos entrar en calor, supuso otro recuerdo más para llevarme a casa.



    Macedonia del norte es un país seguro, barato y con un importante poso cultural que merece ser conocido



    Si están pensando en algo distinto, fuera de las rutas turísticas clásicas europeas déjenme que les aconseje Skopje.  Sinceramente, creo que les gustará. 

 


        Finalizo recordando que estos párrafos se publicaron en la revista Grada.



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