Hay hoteles que, por su
trayectoria, se convierten en icónicos en una ciudad.
La historia que les precede, una
envidiable ubicación, las prestaciones que ofrecen o la atmósfera que crean
pueden ser elementos decisivos para incluirlos en ese “selecto club” que los
posiciona como una referencia en su entorno.
En la cosmopolita Cascais, uno
destinos de lujo de Portugal, descubrimos un cinco estrellas sin igual. Me
refiero al emblemático Farol Hotel (www.farol.com.pt).
En esta zona costera situada a
solo unas decenas de kilómetros de Lisboa, antaño refugio y lugar de descanso
de monarcas y aristócratas europeos, nos topamos con una preciosa casa del
siglo XIX junto al océano Atlántico, ahora convertida en un espectacular y
lujoso hotel. Difícil, la verdad, encontrar mejor emplazamiento.
Su pequeño tamaño, poco más de
una treintena de habitaciones, acrecienta la sensación de exclusividad,
tranquilidad y descanso con las que brillan estos alojamientos que
ofrecen altos estándares de calidad.
Además de todas las comodidades
que el huésped más exigente pueda imaginar, una atención personalizada y un
gusto por el detalle (junto a una cuidada decoración en habitaciones y
estancias comunes) son definitivas para ser merecedor de sus bien ganadas cinco
estrellas.
Decir que estamos en uno de las
más representativas opciones de lujo para pernoctar en Cascais es, para quien
conoce estas latitudes, una afirmación certera y contrastada.
El huésped se siente mimado,
protagonista y privilegiado al elegir este bonito palacete decimonónico que,
en su momento, fuera propiedad de conde de Cabral.
Ahora bien, hay un dato que no
debemos pasar por alto. La apuesta de Farol Hotel por la vertiente
gastronómica (a través de su restaurante MIX) es un pilar fundamental de su
filosofía de vida. Se encuentra en su ADN siendo otro de sus grandes
alicientes.
Un restaurante,
perfectamente consolidado, cuyos fogones están dirigidos por el
creativo chef Sebastian Fritye.
El nombre (“MIX”) es en sí
mismo una declaración de intenciones de lo que vamos a encontrar. Una
“mixtura”, un encuentro de varias cocinas de diferentes partes del mundo.
Aires internacionales,
naturalmente, con el lógico protagonismo de la culinaria portuguesa. Todo ello,
acompañado por una muy buena selección de vinos que, en ocasiones, son el
perfecto cómplice de cada plato.
El ofrecimiento es claro: una
experiencia refinada e inolvidable, con el Atlántico como telón de fondo,
donde las tradiciones de estas tierras se enriquecen con innovadoras ideas o
donde productos autóctonos se utilizan para elaboraciones foráneas.
La gastronomía de Portugal,
Japón, México, Perú o Rumanía, por ejemplo, presentes en una carta variada.
Hay un plato que, estando donde
estamos, es casi obligado probarlo. No sólo por ser típico de estas latitudes,
sino por lo excelso de su elaboración. Me refiero a su “Arroz The Mix do mar“,
un espectacular arroz de marisco difícil de olvidar. Puedo asegurar que es uno
de los mejores que he probado.
El mundo japonés, a través de
diferentes y variadas elaboraciones de ese país, no puede estar mejor
representado. Mucho tiene que ver el hecho de que en estas cocinas
trabaja el sushi master Francisco Braga, que deleitará al comensal con su
maestría y conocimientos.
“Robalo grelhado com xerém de
lingueirão”, “Lasanha trufada e gamo em duas texturas”, “Malandrinho de
bacalhau, sames e kokotxas”, “Cataplana de bivalves e codium”, “Spring roll de
leitão”, “Linguiça caseira de porco preto, ciabatta e picadinho de azeitonas e
tomate”, " Rolo Thai manga", “Magret grelhado com risoto de
cogumelos”, o “Fideua com espetada de lula e camarão”, junto a distintos
tipos de tacos, son otras de las irresistibles propuestas de su “ementa”.
Un ejemplo claro de esa fusión de
gastronomías de diferentes partes del mundo es el “langosi com recheio
de sapateira”.
Este pan frito típico de Hungría
y algunas zonas de Rumanía, de textura suave y aireada, se nos presenta
acompañado con algo tan tradicional de estas aguas como la carne de una
“zapateira” (buey de mar) desmigada y preparada. Centro Europa y Portugal de la
mano sobre la mesa. Un indudable guiño a los orígenes rumanos de Sebastian
Fritye.
Totalmente acristalado, con
unas vistas al océano, su ubicación es inmejorable.
Todo (entorno, local, decoración,
luminosidad, vistas, servicio, cubertería, emplatado, calidad del producto,
etc.) invita a una comida memorable que, si viajamos a esta preciosa ciudad,
hay que conocer.
En definitiva, una
apuesta segura y fácil de recomendar.
¿Qué les parece disfrutar de
un buen coctel acompañados del sonido de las cercanas olas que rompen próximas
a la terraza del hotel?
Es lo que nos propone “Bar On
the rocks”. Sea en el exterior (con una gran explanada) o en el interior
del bar, la experiencia, gracias a su formidable carta de cócteles, es única.
Cualquiera que lleve cierto
tiempo en Cascáis recordará Coconuts, una famosa discoteca que en los años 80 y
90 era lugar de moda y encuentro.
Este icónico espacio (una casa
aledaña al palacete donde se encuentra el hotel) es el recinto ideal con el que
Farol Hotel se ofrece para organizar eventos de mayor magnitud. Bodas,
presentaciones, encuentros, coloquios y todo tipo de celebraciones pueden
organizarse en un enclave sin igual.
Así pues, si en música nos
referimos a un cuarteto musical aludiendo a una agrupación de cuatro
instrumentalistas o vocalistas que interpretan armónicamente diferentes
sinfonías, de igual manera podemos decir que el destino de hoy nos
ofrece una sinfonía de descanso, de buen comer, de tranquilidad y, si se desea,
de momentos vibrantes.
Unos armoniosos acordes compuestos por cuatro nombres: Farol Hotel, Bar On The Rocks, restaurante Mix y Coconuts.
Finalizo indicando que estos párrafos se publicaron en la web del periódico español LA RAZÓN el 20 de enero de 2025.
Comer junto al océano Atlántico en Cascais
































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