miércoles, 11 de abril de 2012

Regresando a "mi pueblo".


           Nunca me ha gustado oír hablar sobre determinadas localidades refiriéndose a ellas como lugares de paso. Un término, en el fondo despectivo, que parece dar a entender lo poco que hay que resaltar de un determinado destino, o la falta de interés que puede tener nuestro recorrido.
            Yo creo que, para quienes nos gusta viajar, esas palabras deben estar fuera de nuestro vocabulario porque  el gran aliciente del viaje es  la capacidad de descubrir por nuestra cuenta,  de motu propio, a pesar de tópicos añejos e ideas preconcebidas. Alguien dijo, con mucho acierto, que viajero es el que descubre y turista al que le enseñan.
         Se trata de dejar que funcione nuestra capacidad de admiración ante un lugar nuevo para nosotros. Más aún, cuando para libros, folletos o internet pasa desapercibido.


              Pues bien, saco a colación esta pequeña introducción porque esa injustificada vitola, a veces tan manida, es más común de lo que pueda el lector imaginarse. Quiero, por ello, romper una pequeña lanza en favor de tantos municipios anónimos para el gran público  en los que sólo aparece en el mapa un nombre; sin ninguna reseña más que destacar.
             Pongamos un ejemplo: la carretera que va desde Badajoz a Sevilla (rodeada en numerosos kilómetros de dehesas, viñedos y olivos) pasa por preciosas localidades como la ciudad de Zafra (también conocida como “la Sevilla Chica”), Feria (uno de los pueblos más bonitos del sur de Extremadura) o Fuente de Cantos (ciudad natal del universal pintor Francisco de Zurbarán).
            Entre esos pueblos que pasamos se encuentra Santa Marta de los Barros. A primera vista, podría decirse que poco hay para hacer y, sin embargo, sólo cuando lo recorremos descubrimos lo erróneo de esta afirmación.
             Santa Marta es un tesoro de historia subterránea. Ha sido un pueblo minero durante mucho tiempo y, posiblemente, las décadas más radiantes de su historia (a finales del XIX y principios del XX) están relacionadas con el mineral que de sus entrañas se extraía. Por aquel entonces, su población duplicaba con creces la actual.



              Para entender un poco todo ello, nada mejor que acercarse a su  Museo Geológico y Minero. Tal es la importancia de ese pasado minero que aquí se celebró en el 2011 el primer Congreso Ibérico de Geología, Patrimonio y Minería Sostenible. Dato éste nada superficial.
              No quiero pasar por alto la importancia, más allá de las fronteras locales y provinciales, de estas minas. Como queda documentado y estudiado en numerosos trabajos de geólogos y especialistas, aquí se explotó el vanadio, que durante algún tiempo fue la mayor explotación a nivel europeo y una referencia mundial.


         Tuve el honor de ser entrevistado por su televisión local  y comentar algunas sensaciones y recuerdos del pueblo donde pasé los primeros trece años de mi vida. Es decir,  "mi pueblo" .  Desde luego, fue un dia excepcional.
        

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