lunes, 26 de junio de 2017

Santiago de Cuba, parte de la historia de España






              Pocas ciudades en el mundo, fuera de las actuales fronteras españolas, generan tantos recuerdos en nuestro país como Santiago de Cuba.
              Desde 1515, cuando Diego Velázquez la fundara, hasta el año 1898 trascurrieron varios siglos en los que los corazones cubanos e hispanos caminaron juntos.




               Una historia común que ha quedado reflejada en numerosos aspectos de la vida de esta isla caribeña. Cultura, costumbres, idioma o religión expresan esa impronta, al igual que la huella arquitectónica, palpable en numerosos rincones de esta animada urbe.




                Ahora bien, si me preguntaran por una visita ineludible, casi obligada, lo tendría claro: la gran fortificación que defiende la entrada de la bahía, declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO. Responde a los nombres del Castillo de San Pedro de la Roca o del Morro, y es una inigualable joya de la arquitectura militar.
                Se comenzó a construir por 1638. Gobernaba entonces Pedro de la Roca y Borjas. De ahí, el nombre.




              Fue, desde luego, uno de los grandes eslabones del sistema defensivo costero de la ciudad. El espesor y altura de sus muros, el promontorio sobre el que se levanta, el foso seco, el puente levadizo, su adaptación a la orografía del terreno o el enclave elegido corroboran esta afirmación. 
             Recorriendo esa estudiada sucesión de defensas pétreas estratégicamente situadas, con terrazas superpuestas comunicadas, quien os escribe no dejó de pensar que un 3 de julio de 1898 esas aguas fueron testigo de uno de los grandes desastres navales de la historia de España.
              



                Así es, escriben las crónicas que las pérdidas españolas fueron cuantiosas. Cientos de muertos y heridos, y multitud de prisioneros. Además de ello, en tan desigual contienda, seis buques de guerra fueron  destruidos. Concretamente, el crucero acorazado Infanta María Teresa, el crucero acorazado Cristóbal Colón, el crucero acorazado Almirante Oquendo, el crucero acorazado Vizcaya, el destructor Furor y el destructor Plutón.
               Dicen que el Almirante Pascual Cerveza, al mando de la Armada española, escribió -antes de partir- una carta premonitoria a su hermano en la que decía: “Vamos a un sacrifico tan estéril como inútil; si en él muero, como parece seguro, cuida de mi mujer y de mis hijos”.




                Deseo también recordar que esas aguas de tan denso pasado –escenarios de también de otras importantes batallas navales- conforman el “Parque Arqueológico Patrimonio Cultural Subacuático Batalla Naval de Santiago de Cuba”.
               Os recomiendo este link donde encontraréis información detallada sobre ello:
http://www.unesco.org/new/es/media-services/single-view/news/naval_battle_of_santiago_de_cuba_archaeological_park_nation/




              No dejo de pensar en lo que estos centenarios muros han visto pasar a lo largo de la historia. Los avatares, las contiendas, las aspiraciones y las preocupaciones de tantos y tantos que allí vivieron y murieron por las causas más dispares. Santiago de Cuba, que durante mucho tiempo fue la ciudad más fortificada de la isla, sufrió numerosos asedios y ataques. Su importancia económica,  como gran puerto de la Corona española en esas tierras, y su situación estratégica fueron razones suficientes para que corsarios, piratas y escuadras navales enemigas de otros países lucharan por ella.








               En todo caso, pasear por estas murallas –en muy buen grado de conservación- y recordar el pasado, no deja de ser un homenaje para tantas personas, con independencia de sus ideales y nacionalidades, que lucharon en su momento por lo que ellos consideraban justo.




              Conviene no olvidar que Cuba es Caribe, es sol, son playas de fina arena, es gente acogedora, es un apetecible mojito, es un refrescante daiquiri, es baile y es, también, mucha historia de España que no debes pasar por alto.






              Suele decirse, no sin razón, que la vida son momentos, sensaciones, experiencias, instantes  y recuerdos. Ciertamente me gustó  conocer Cuba. Holguín, Guantánamo, La Habana, Baracoa, Gibara …fueron algunas paradas de este periplo por la mayor de las islas del Caribe. Me permitió conocer personas hospitalarias que me recibieron con los brazos abiertos y una sonrisa en la boca.






              Necesitaba reposar tanta información y tantas vivencias. La verdad es que tuve la suerte de tener una excelente guía que me fue desgranando –a veces, acompañando su discurso con simpáticas anécdotas- cada rincón, cada esquina, de este fuerte.  ¡Qué mejor manera de asimilarlo que reponer fuerzas con un refrescante mojito en uno de los restaurantes panorámicos que se encuentran antes de llegar a la fortificación!. Un mojito y el azul del inmenso mar como fondo cerca del Castillo de San Pedro de la Roca . ¿Se puede pedir más?


 





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