viernes, 27 de enero de 2012

Túnez, aniversario de una revolución


Posiblemente, uno de los mayores tesoreros que tiene  el viajero sea la capacidad de acumular sensaciones y emociones a lo largo de sus viajes. Un destino no es solamente sol, playa, historia, naturaleza, gastronomía, relax o diversión. Es también la vivencia del presente de ese país; el poder sentir “en primera persona” momentos que, desde luego, son mágicos.
 Esto es, sin atisbo de duda alguna, lo que más me impresionó de mi reciente viaje a Túnez. Pude ver la medina de su capital, hacer algunas compras, conocer las ruinas de lo que fue la antigua Cartago o pasear por uno de los pueblos más bonitos del norte de África llamando “Sidi Bou Said” (famoso, entre otras cosas, por las tonalidades azules y blancas de sus casas). Todo ello es, por obvias razones, argumento suficiente para uno o varios viajes a este hospitalario país.
          Sin embargo, la retina de mis ojos y el angular de mi cámara guardaron otro recuerdo imperecedero: la alegría irradiaba que deprendía el rostro de la gente esos días. Efectivamente, estuve por estas tierras un 14 de enero de 2012, justo el día que se celebraba el primer aniversario de la revolución tunecina. Una revolución que sería el comienzo de lo que se conoce como la “primavera árabe”.


           A eso de las tres de la tarde, o quizás antes, multitud de personas, de las más diversas ideologías, empezaron a agruparse a lo largo de la Avenida Habib Bourguiba, la gran arteria de la capital. Es un lugar emblemático para la historia reciente de Túnez, en especial la conocida popularmente como plaza del reloj.

 
Había un agradable ruido, a veces atronador, que bien podía calificarse de “música de la libertad”. Todos parecían querer trasmitir su alegría. Banderas de todos los gustos, pero especialmente la bandera roja y blanca tunecina prevalecía con creces sobre el resto.
Una curiosa mezcolanza que incluía, por citar algunos ejemplos, banderas de la nueva Libia, grupos comunistas, banderas de Palestina, diferentes grupos islamistas, personas tomando café en las terrazas de los restaurantes aledaños, militares parapetados por alambres de espino en lugares estratégicos, fotos de Nasser, familias que querían gritar a todos los rincones su sensación de libertad, etc., etc. Una especie de gran festín de libertad del que este pueblo estaba hambriento desde hace mucho tiempo.
Quizás porque me veían extranjero o quizás porque llevaba una cámara de fotos colgada del cuello, se acercaban y me rodeaban para que inmortalizara esos momentos únicos. Un agradable acorralamiento entre personas que no conocía y no entendía, pero cuyos rostros trasmitían un desbordante júbilo.
              No puedo esconder esa envidiable sensación de haber estado en el momento exacto y en el lugar preciso del planeta. Sensaciones, naturalmente subjetivas, que hacen que debamos ver los viajes también desde otra perspectiva.


           Mira que hay playas paradisiacas en Túnez, mira que es bonito el  gran anfiteatro de El Jem, mira que engancha un atardecer en el desierto, mira que es placentero un paseo por la isla de Jerba … y, sin embargo, sin haber podido disfrutar esas maravillas me voy contento, pletórico, de un viaje que me ha aportado mucho y, sobre todo, algo totalmente diferente a lo podía imaginar.
Desde aquí, además de recordar que es un país seguro para el turista, mis mejores deseos para que esos vientos de libertad que se respiran en el nuevo Túnez lleguen a buen puerto y sea una realidad sin retorno al pasado.



             Los micrófonos viajeros de radio viajar (www.radioviajar.com) estuvieron presentes en este momento histórico para grabar los "sonidos de esta revolución".  Nada mejor que visitar esta audio-web para poder hacerte una idea de lo que fueron esas horas. 



 
                    Por cierto, a nuestro regreso, en el mismo aeropuerto de la capital, las cámaras de la televisión pública tunecina me entrevistaron para que les diera mi visión sobre futuro turístico del país tras estos históricos cambios.
 
 
              Ha sido una gran experiencia. Un recuerdo imborrable que llevaré durante toda mi vida. Un viaje,  corto en el tiempo pero de gran intensidad, donde tuve la posibilidad de entrevistar al Ministro de Turismo tunecino, Sr. Elyes Fakhfakh, en su despacho oficial, muy cerca, dicho sea de paso, de la plaza del reloj.
 
 

3 comentarios:

  1. ¡Qué envidia (sana, eso sí)! Me alegro que hayas disfrutad otanto de este momento mágico: hubiera dado casi lo que fuera por estar ahí.

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  2. Gracias. un abrazo . Si puedes pásale a tus amistades este blog para que me sigan y estas webs:
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    Te lo agradezco
    Veo que disfrutas también con los viajes
    Me alegro

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