miércoles, 6 de julio de 2011

Quinta de Santo Antonio, un alojamiento único en el Alentejo norte

            Si me dijeran que en medio de una dehesa puedo encontrar este pequeño palacete no lo creería. Sin embargo, es una realidad. Se trata de una antigua construcción de estilo portugués (de la que se tienen referencias ya desde 1668) reconvertida en hotel para ser, como dice su publicidad  un verdadero oasis para quien busca tranquilidad, belleza y calidad de servicio”.


            El descanso de sus huéspedes es la meta principal de este alojamiento y, desde luego, lo logra. Sus aires centenarios se mezclan con la posibilidad del, ahora tan actual, turismo rural; lo que en Portugal se conoce también como turismo de habitacao.
            Este palacete está constituido por 30 habitaciones. Contiguo a él se encuentra el complejo de agroturismo de Monte da Amoreira, también habilitado para unas pernoctaciones únicas e inolvidables.
            No hay que olvidar que nos encontramos en el Alentejo, en tierras de grandes extensiones, de infinitos viñedos y de incontables dehesas. Tierra de buenos vinos, de mejor queso y extraordinaria carne. Su “porco preto” o su extraordinaria carne de ternera harán las delicias de cualquier comensal que se atreva a probar los productos de esa zona de Portugal.
            Pues bien, en este magnífico entorno, donde la tranquilidad parece ser el principal ingrediente de esta región, se asienta Quinta de Santo Domingo. Concretamente, en el término municipal de Elvas, otra ciudad digna de ser visitada, que se postula para ser catalogada por la UNESCO como Patrimonio Mundial de la Humanidad. Razones no le faltan.
            Quinta de Santo Antonio entra fácil a los ojos del visitante. Es difícil pernoctar varios días en ella y no desear volver. Mejor dicho, es imposible. El cuidado, el esmero y el trato se aprecian desde el primer momento. Estamos en un lugar especial, y eso se nota.  Hay cierta magia (o, al menos, así lo aprecio) entre esos jardines.


            Tras unos kilómetros al dejar la carretera principal (muy cerca de la autovía que une Madrid y Lisboa), apenas dos, por un camino recientemente asfaltado, jalonado de olivos, encinas y viñedos, llegamos a nuestro deseado destino.
            Ya el portal de entrada nos recuerda que estamos en una típica Quinta lusa. Colores amarillentos y blancos nos reciben con la representativa cordialidad portuguesa. Resulta particularmente agradable una visita a todo este complejo de la mano de Andre Laguna, quien además de trabajar aquí y saber mucho de turismo, desprende apego por esta finca por todos sus poros. Mejor anfitrión imposible. El afecto y el mimo con que nos cuenta cada rincón, cómo nos narra la historia del lugar, los proyectos de futuro y las expectativas del Estalagem hacen, si es posible, que al viajero le guste más. Ya no sólo entra por los ojos, también por los oídos.


            Nos falta otro sentido, el gusto. Para ello, nada mejor que sus fogones. El restaurante es una explosión de la más clara representación de la cocina alentejana. Buenas carnes, extraordinarios “petiscos” y soberbios postres, propios de la acreditada cultura pastelera de Portugal se dan cita entre estos muros. No quiero olvidar uno de sus platos estrellas: el bacalao al estilo de la Quinta.


            Por cierto, una elaboración muy conocida y apreciada en esta zona de la “Raia” es el “bacalao dorado”. Compuesto de huevos, patatas fritas cortadas en tiras muy finas y bacalao, requiere un toque especial para dejarlo en su punto. Puedo asegurar que en Quinta de Santo Antonio lo logran.
            Si queremos acabar nuestra velada con una buena copa, la elección del espacio donde tomarla es amplia. Si el día es frío, nada mejor que sentarnos junto a la chimenea. Si, por el contrario, gozamos un tiempo agradable, nos espera el precioso patio donde dos esculturas parecen hacer guardia permanente. En todo caso, dentro del hotel tenemos una agradable habitación de los espejos para degustar una “bica” portuguesa.
           Puedo calificarse este establecimiento como un alojamiento con sabor propio, sin copias, natural, digno de los más sinceros elogios.
            Además, no hay tiempo para el aburrimiento en Quinta de Santo Antonio. Todo tipo de actividades están previstas para el huésped. Junto a la posibilidad de disfrutar de su piscina, existen paseos a caballo, rutas en bicicleta, paintball, excursiones en burro, recorridos en jeep, campo de fútbol sala o solarium, entre otras cosas.



Dirección:

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