jueves, 27 de noviembre de 2014

Descubriendo Lisboa desde el agua

 

                      A mediados de noviembre estuve pasando un fin de semana en Lisboa. Aún me queda ese agradable regusto que tienen los viajes que dejan gratos recuerdos. El tiempo, decían las predicciones, iba a ser malo. Algo de viento, lluvia y el cielo encapotado. Poco sol, en definitiva. Raro en una ciudad que presume, con razón, de tener un altísimo porcentaje de luminosos días.
                     Alguno pensaría  en posponerlo para otro fin de semana pero creo que, para los que amamos Lisboa, la excusa del tiempo es demasiado débil. Hay tanto por ver, por disfrutar, por conocer y por degustar que es absurdo escudarse en semejante pretexto. Lisboa es bonita hasta lloviendo. "Acredito", como se suele decir en portugués.

                     La verdad es que creo que fue la decisión más acertada que pude tomar. Más aún, cuando descubrí la ciudad desde otra óptica, con otra perspectiva, desde otro ángulo. Lisboa desde el agua, desde el Tajo/Tejo. Nunca había tomado uno de esos barcos que recorren la desembocadura del rio hasta el inicio del Atlántico. Ahora tenía la oportunidad. Fantástico.
                    Quedé en el embarcadero que hay junto al puente 25 de abril (Doca de Santo Amaro) con Otto   Rocha, capitán de la  lancha rápida que iba a llevarme por este itinerario acuático. Otto es un amante del mar y persona habituada a estas navegaciones. Pasa su tiempo trabajando en su empresa Megaverde (www.megaverde.pt) entre Lisboa y Portimao, según me comentaba. Se nota, cuando llevas algunos minutos conversando, que es un apasionado por la capital portuguesa y por el Algarve. No tiene mal gusto, desde luego.
                     Por cierto, la lancha tiene un curioso y llamativo nombre: "Sir-dinha". Bonito juego de palabras.

                     Ciertamente fue una suerte tenerle a los mandos de esta embarcación. Durante cerca de hora y media pudimos “recorrer”  estas aguas dulces hasta donde se unen con el inmenso Atlántico. Incluso el hecho de que durante el trayecto en muchas ocasiones nos lloviera hizo más atrayente la navegación.


                      El viaje dejó multitud de recuerdos y de experiencias. Impresiona, por ejemplo, navegar  junto a los inmensos pilares  que sostienen el puente 25 de abril y oír ese característico ruido que se origina cuando circulan los vehículos.



                      Durante nuestro periplo, a pesar del mal tiempo, nos cruzamos con numerosas barcos. De una lancha rápida de la policía a los conocidos transbordadores que van de una orilla a otra del rio, de barcos de carga a preciosos veleros. Vimos también a varios grupos de niños de una escuela de navegación haciendo prácticas.

 

                      Es un regalo para la vista pasar junto un gran transatlántico atracado en el muelle de Santa Apolonia. Cuando coges la cámara de fotos para inmortalizar el instante y ves como fondo la gran cúpula del Panteón Nacional sabes que tienes una panorámica especial.  Impacta acercarse, dentro de las distancias autorizadas, a  estos gigantes del mar. Una ciudad flotante de dimensiones ciclópeas atracada en un río. ¿Te imaginas la imagen de este crucero navegando  bajo el puente 25 de abril?.
                  El Panteón Nacional, la Catedral, el castillo de San Jorge, la plaza del Comercio, el Monumento a los Descubrimientos, la Torre de Belén, el Santuario del “Cristo Rei” de Almada (con sus más de cien metros de altura), etc., etc. vistos desde otra perspectiva, con otro enfoque.
 




                  La experiencia ha sido francamemente bonita y muy recomendable. Intentaré repetirla en otra ocasión. Quizás con mejor climatología. Lisboa siempre tiene algo nuevo que ofrecer. No se agota en una o dos visitas. Es ciudad de museos, de jardines, de restaurantes, de plazas, de fado, de palacios, de colinas, de miradores, de tranvías, de compras, de poetas, de pasteles y, sobre todo y muy especialmente, de experiencias.
 



                      Nunca se conoce, afortunadamente, Lisboa en su totalidad. Me quedan muchas cosas por ver y muchos viajes por hacer. En cierta manera, no le digo adiós a Lisboa, le digo un cariñoso hasta luego.


Datos útiles.
Webs: www.visitlisboa.com , www.megaverde.pt


¿Dónde comer?. Ya que este reportaje gira alrededor del Tajo te recomiendo dos restaurantes lisboetas que se encuentran situados en sus orillas. Te van a encantar:
1.- Restaurante Ibo. En Cais do Sodré. www.ibo-restaurante.pt
2.- Restaurante 5oceanos. En Doca de Santo Amaro. www.5oceanos.pt




Recomendación: El de hoy ha sido un itinerario novedoso, diferente. Muy distinto al habitual que se hace de Lisboa. Por esta razón, mi consejo será que, junto al mencionado, experimentes otro trayecto muy peculiar.  En este caso, entre calles con mucho sabor a fado. Estrechas callejuelas que son parte del alma lisboeta. Me refiero al recorrido del famoso tranvía número 28. No lo olvides.


 

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