jueves, 12 de diciembre de 2013

De postre, quiero una cornucopia, por favor


 
                  La palabra cornucopia, proveniente del latín, los clásicos la utilizaban para referirse al “cuerno de la abundancia”. Una alegoría al bienestar, a la prosperidad y a la bonanza económica. Siendo así, no es de extrañar que varios países incluyeran su imagen en sus escudos nacionales. Es el caso, por ejemplo, de Perú, Colombia o Panamá. Lo que nunca podía imaginar es que la cornucopia fuera un dulce típico portugués. Concretamente, del Oeste de Portugal.
                  Las vueltas que da la vida. Era principios de diciembre de 2013. Iba camino de la localidad portuguesa de Alcobaça a visitar y fotografiar su famoso monasterio cisterciense, declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO y una de las ”siete maravillas de Portugal”. 

 
                  Debían ser las cinco de la tarde. Buena hora para una reconfortante “bica” en este país. Aunque, siendo honesto, siempre pido un “pingado”. Rodeando la gran explanada existente frente al pórtico principal del monasterio hay numerosas cafeterías. Me decido por una de ellas. Se llama pastelería Alcoa.
                  Fue un día de suerte para mí. Os lo cuento. Nada más entrar veo una mesa con diferentes pasteles y un diploma como ganador del primer premio, en el concurso de dulces conventuales 2013, a la mejor cornucopia.

 
                   Me intereso por este galardón. Quiero saber más de esta “sobremesa” portuguesa. Pido una. Tiene, efectivamente, forma de cuerno. Empiezo a entender el origen de un nombre tan curioso para un dulce. Lo pruebo. Mejor dicho, lo disfruto. Espectacular. Como ocurre normalmente en la repostería de nuestro país vecino, el azúcar y las yemas de huevo tienen un papel predominante. En esta ocasión, no iba a ser menos.
                   El refranero español es muy sabio. “Nunca te acostarás sin saber una cosa más”. Con la cornucopia se afianza ese sentimiento, muy generalizado entre los que amamos este mundo, que me reafirma en lo mucho que me queda por aprender en gastronomía. Mientras más sé de cocina más consciente soy de lo mucho que no conozco.  

 
                    Por eso viajar es tan importante. No sólo abre los ojos del viajero, le permite relativizar determinados aspectos de la vida, emocionarse con otras culturas, hacer nuevas amistades, romper tópicos y generalizaciones, compartir experiencias y también deleitarse con lo que disfrutan otros paladares.

 
                      Pastelería Alcôa es un verdadero festín para los ojos y un paraíso para los golosos. Dulces de todos los tipos, colores, sabores, texturas y formas alineados a lo largo del mostrador. Bolos de Rei, pasteis de nata, croissants, ovos do paraiso,  fradinhos, coroas da abadessa, tartas, merengues, pudim de ovo, doces de ovo, …. Lo probaría todo si no fuera por mi omnipresente colesterol.

 
                   Si en Portugal, como sabemos, la tradición de tomar un café y acompañarlo con un dulce es casi una religión, no es descabellado afirmar que “pastelaria Alcôa” es un santuario de esta particular devoción gastronómica. Reconocida en numerosos eventos y premiada en multitud  de certámenes ha sabido, gracias a su trabajo y a la calidad de sus ingredientes, tener una repostería de élite a unos precios francamente económicos. Una evidente prueba de que la calidad no tiene que ser cara.
                 Ciertamente fue un acierto conocer un lugar tan singular, tan cargado de laureles gastronómicos. Un “templo del azúcar, los huevos y la almendra” que tiene un lugar privilegiado en ese cotizado altar que conforman las grandes pastelerías de Portugal. Sus más de 50 años de vida (fue fundada en 1957) han permitido divulgar y conservar las recetas tradicionales de estas tierras y  de los Monasterios de Alcobaça y Cós.
 
            
               Estamos, tal y como reconoce la prensa especializada y el  público, ante un grupo de profesionales, los que conforman pastelería Alcoa,  que han elevado a los más altas cotas este típico y tradicional dulce. No olvides pues, si vienes por Alcobaça, pasar por aquí y pedir una cornucopia. Al darle el primer mordisco notarás rápidamente ese agradabilísimo contraste de texturas entre el crujiente que lo envuelve y la suavidad del “doce de ovos" que rellena su interior.

            
                   Si, como escribí antes, la palabra cornucopia es una alegoría al bienestar, en este caso lo consigue. Por unos minutos degustar este dulce portugués es disfrutar de la agradable sensación de comer esta efímera “obra de arte azucarada”. Mis más sinceras felicitaciones por la calidad de esta pastelería y por mantener en lo más alto la centenaria tradición pastelera de este país.
 
 
                 En tierras donde el rico recetario ofrece suculentas viandas como la “lagosta suada”, una “caldeirada”, una reconstituyente “sopa de peixe”, el  apreciado “ensopado de enguias” o postres como el “pâo de Ló”,  las “esses de Peniche”, las “cavacas das Caldas” o los famosos “pasteis de feijâo de Torres Vedras” es una  fantástica sopresa para el viajero descubrir las “cornucopias de Alcabaça”.

           
                   En fin, un estupendo aporte de calorías que nos dará renovadas fuerzas para visitar una de las regiones con más atractivos de Portugal.
                 Web : www.pastelaria-alcoa.com

4 comentarios:

  1. Interesantísimo post, como todos los tuyos. Pero cuidado con los cornus aunque sean copias. :)

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  3. Que ganas de hacerle una visita a esta pastelería ;-)

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