miércoles, 20 de marzo de 2013

Créeme: existe un lugar llamado "Campo de la Canciones"


            Recientemente estuve en Estonia. Poco conocía de este estado europeo que hace poco tiempo recobró su independencia. Apenas algunos retazos de su historia: que fue parte de la U.R.S.S., que es el más norteño de los denominados "países bálticos" y el nombre de algunas de sus ciudades. Aún guardo, incluso, viejos mapas y libros de texto de mi madre donde figuraba como una república más de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
            Era finales de diciembre y el frío y la nieve habían hecho acto de presencia por estas tierras. Lógico dada la latitud y la fecha en que me encontraba. Nada raro pues. Eso, para mí, dicho sea de paso, no es ningún inconveniente. Bien abrigado y con buen calzado se soporta y, además, se puede disfrutar "in situ" de unas auténticas navidades blancas como las que recordamos en las películas.
 

            No sé como será Estonia en primavera (imagino que preciosa), pero en invierno es realmente bonita. Esa idea tan generalizada de viajar sólo cuando hace "buen tiempo" y las temperaturas son veraniegas o primaverales se me antoja bastante desfasada. En estas zonas del norte de Europa en invierno hace frío y para el que realmente le gusta viajar eso no es impedimento.
            Pues bien, recorriendo la capital -Tallin- me llevaron a un lugar llamado "Campo de las Canciones". Al principio creí haber entendido mal. Más tarde, tras preguntar, descubrí que efectivamente ése era el nombre de un impresionante recinto urbano. Un lugar que tiene mucho que ver con esa afición tan arraigada de los estonios de cantar juntos.
            Reconozco que tiene algo de mágico. Lo conocí totalmente nevado e imaginé a miles de personas cantando a la vez, como una sola garganta. Un inmenso coro que no creo tenga parangón. No llego a imaginar cómo debe ser vivirlo en persona.


            Se trata de una gran explanada con algo de pendiente, lo que permite a cada participante una visibilidad casi total del entorno. Una especie de gran anfiteatro natural que acaba en un escenario de gigantescas dimensiones. De verdad, hay algo de especial. Aquí, por ejemplo, cada cinco años, en el mes de julio se celebra un prestigioso festival de música. Mejor escenario imposible.
            Es también una importante referencia hiostórica para los estonios porque, según me dijeron, en este incomparable marco se gestó la "revolución cantante", donde miles de personas participaron en una peculiar manifestación acústica contra los soviéticos.


            Dicen que el aforo supera las treinta mil personas. ¿Os imagináis a todos cantando a la vez?
            He visto muchas cosas en este viaje y aprendido aún más. Una de ellas, este curioso campo/parque. Otra, descubrir  la fuerza que tienen unas simples canciones tradicionales cuando brotan de unos ciudadanos que piden libertad.
            Después de todo lo que te cuento, ¿a que me crees cuando te digo que hay un lugar que se llama "Campo de las Canciones"?.
            Tallin tiene, desde luego, muchas otras vertientes. No quiero, por ello, acabar sin relataros las bellezas de esta capital báltica. Pero lo deseo hacer de otra manera. Si una imagen vale más que mil palabras, creo que la mejor forma de describírtela  es "colgando" algunas fotografías de ella cubierta con ese casi inmaculado manto blanco.


            Sólo deseo, si no la conoces, que algún día puedas recorrerla.

 

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