domingo, 11 de noviembre de 2012

Cenar en una cárcel centenaria


         Quería escribir sobre un espacio gastronómico curiosísimo. Su nombre "A Cadeia Quinhentista". Una antigua cárcel del siglo XVI, ahora transformada y rehabilitada en un sensacional restaurante.
          Junto a mi amigo Fernando Valbuena, persona que sabe apreciar las buenas cosas de la vida, tuve la ocasión de cenar en tan singular "recinto".


         Buenos vinos, buenas carnes, buenos pescados y excepcionales postres. Imposible ponerle un reparo. Pudimos hablar -largo y tendido- con uno de sus socios y, posiblemente, el "alma mater" de este proyecto histórico/culinario: Joâo Simoes. Le cena deliciosa. Insuperable. Una inmejorable velada.
          Hace pocos días, concretamente el 4 de noviembre, lei en el diario Hoy de Extremadura una columna firmada por Fernando sobre este restaurante. Brillante. 


           Os la transcribo literalmente:
 
            "Se lo cuento tal y como me lo contó João Simoes que, como ya barruntará el avispado lector, cuenta las cosas a la portuguesa. João es dueño de una cárcel. Rehabilitada y transmutada en restaurante, sí, pero cárcel al fin y al cabo. Y es que la magnífica rehabilitación no esconde las recias trazas de prisión. Al pie del castillo de Estremoz y envuelta en la leyenda de Santa Isabel, panes y rosas. El restaurante se llama A Cadeia Quinhentista. Cadeia por cárcel y quinhentista por el siglo en que se construyó.
          ¿Borrego al horno? ¿Vinagreta de conejo? Aceite, pan. vino alentejano. Quinta do Carmo. Comencé con un bacalao en escabeche como no recuerdo haber comido, probé el bacalao al horno y rematé una perdiz con castañas y frutos bermejos. Mas estaba yo dando trámite a los postres, soberbios por cierto los higos gratinados, cuando reparé en un extraño hueco en una las centenarias rejas del salón. Robustas, robustísimas. pero violadas. Pregunté y João, con misterio portugués, me contó la vieja historia del viejo Pardal.
           Corría el año de Nuestro Señor Salazar de 1960. Al parecer Pardal, cantor lusitano, era uno de los pocos presos que moraban en la vetusta prisión de Estremoz. Quizá el único. Allí convivía con el carcelero y su familia. La del carcelero, se entiende. Pardal nunca quiso fugarse, pero tenía ratos de no saber en qué entretenerse. Así que desafió al carcelero y prometió escapar. Seis meses tardó en cortar los barrotes de su celda con las cuerdas de una guitarra. Seis meses tardó el cantor en dejar de cantar. Hizo un agujero chico, pero suficiente para volar. Escapó de su celda, mas no le gustó vivir en libertad estando su guitarra portuguesa presa y sin cuerdas. Así que esperó al carcelero y se entregó con entereza de fadista.
              Allí sigue aquel hueco que va de la libertad a la nada. Comiendo en A Cadeia Quinhentista no apetece fugarse. Además no quepo por el hueco. Me quedaré a tomar un armagñac. No dejen de visitar A Cadeia en Estremoz si gustan de la cocina alentejana, si gozan con platos tradicionales presentados con mimo. Y procuren charlar con João, señor de grandes conocimientos, uno de esos portugueses que se repartieron el mundo y el alma con sus hermanos españoles cuando todos los mares eran lagos de la misma patria."
 

               Creo que estos párrafos son suficientemente explícitos. Sólo queda pues adornarlos con unas fotografías.




    
               Mira que tiene encantos esta bella ciudad fortificada alentejana. Ahora, para mí, cuenta con uno más: "A Cadeia".

                 Web: www.cadeiaquinhentista.com

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