sábado, 18 de febrero de 2012

Delft, la ciudad de los Orange


              Normalmente, cuando se trata de escribir sobre algún destino, se busca un título que pueda dar una pista fiable al viajero sobre aquello que va a encontrar. Se puede mencionar que es la ciudad de la cerámica más famosa del país (célebre por sus tonos azules y blancos), que es una urbe universitaria con una animada vida estudiantil, que aquí nació el conocido pintor Johannes Vermeer (uno de los maestros de la luz), que cuenta con preciosos canales o que tiene algunas de las más bonitas iglesias de Holanda.
Todo eso es cierto, pero no debemos pasar por alto la profunda, arraigada e histórica  relación de Delft con la Casa Real de los Orange. Este particular idilio comenzó cuando, allá por 1572, el príncipe Guillermo buscó refugio entre sus murallas a causa del avance de los ejércitos españoles. Moriría asesinado es esta localidad y, desde entonces, en la conocida como iglesia nueva (Nieuwe Kerk) se entierran los monarcas y soberanos neerlandeses.
            La visita por la ciudad debe comenzar por su plaza mayor (Mark -del mercado-), presidida por dos grandes edificios a cada lado. El primero de ellos, el Ayuntamiento y, el segundo, la anteriormente mencionada iglesia nueva, cuya torre, una de las más altas del país de los tulipanes, domina toda la ciudad.
En días de sol este recinto, de forma rectangular, está repleto de bares, vistosas terrazas, las omnipresentes bicicletas, turistas haciendo fotografías y las típicas tiendas de regalos.
          Desde el centro de la plaza mayor se atisban perfectamente diferentes torres que delatan la existencia de otros templos cristianos. Por un lado, la iglesia de Maria Van Jessekerk (finalizada en 1882) y, por otro lado, la conocida como la Vieja iglesia (Oude Kerk). En esta última se encuentran enterrados ilustres personajes de la historia holandesa como Piet Hein, Maarten Tromp y el pintor Johannes Vermeer (1632-1675). No son pocos los turistas que se acercan a esta tierra para conocer más de este insigne artista que vivió durante el siglo de oro holandés. El Vermeercentrum es un inigualable recorrido por su obra y por su vida (www.vermeerdelft.nl).
          Una visita obligada es, sin lugar a dudas, la del museo Prinsenhof. Se trata de un antiguo convento, donde vivió Guillermo de Orange, que alberga una extraordinaria colección pictórica (la mayor de la ciudad) y de cerámica. Como curiosidad, en una de sus paredes aún se pueden apreciar lo orificios de algunas de las balas con las que fue asesinado su más ilustre huésped.


Ceramica de Delft
Es famosa mundialmente por sus tonalidades azules y blancas. Siglos de investigación, inventiva y arte han ido modulando este particular distintivo de la ciudad tan apreciado en todo el mundo que esconde sus raíces en la época en que durante el siglo XVII los holandeses comerciaban con China.

Panteón de la Casa Real
            La iglesia nueva, en forma de cruz, guarda en su interior este impresionate mausoleo  de Guillermo de Orange. En su parte inferior se depositan los restos mortales de los miembros de esta Casa Real. Una enorme lápida da acceso a la parte subterránea, donde el público no puede entrar.
  
Un inventor
            Seguramente nunca se nos ha ocurrido pensar quién pudo inventar un instrumento tan útil en la investigación como es el microscopio. Descubriremos que fue Antoni van Leeuwenhock, también enterrado en la iglesia Oude Kerk.

 Ciudad de noche y de día

            Hay monumentos, templos, edificios, bicicletas (muchas bicicletas…), imponentes canales y bucólicos puentes. Pero aún hay más; es ciudad de tiendas, galerías de arte, boutiques, compras y muchos restaurantes. Por si fuera poco, la parte histórica está cerrada al tráfico, lo que es muy cómodo para un agradable paseo.
 Mencionar Delft, como otras históricas ciudades tales como Maastricht o Utrecht, es descubrir que Holanda es mucho más que Ámsterdam, que los molinos de viento, que las sempiternas bicicletas o los coloridos campos de tulipanes.            
            Holanda, a pesar de su pequeño tamaño, tiene una diversidad de ciudades que van, por ejemplo, desde la vanguardista, moderna y cosmopolita Rotterdam (que cuenta con el mayor puerto de mar de Europa y segundo del mundo) a la histórica y bucólica Delft, de la gubernamental La Haya a la desconocida Breda.

Conviene superar viejas generalizaciones, tópicos turísticos y postales conocidas. Hay que atreverse a descubrir nuevos destinos dentro este increíble país. Es el caso de la ciudad de Delft.

 Pistas

Alrededores: Muy cerca, a 15 minutos en tren, se encuentra La Haya. El coste de viaje es de aproximadamente 4 euros y es una forma de conocer esta preciosa localidad donde se encuentran, por ejemplo, el parlamento holandés o la sede del Tribunal Internacional de Justicia.
Para alojarnos: Hotel Leeuwenburg. Un encantador tres estrellas, situado en el centro, que cuenta en algunas habitaciones con chimenea (www.leeuwenbrug.nl).
Para comer: Si nuestra opción es el pescado nada mejor que el restaurante Den Blaeawen Snoeck. Otro restaurante, con una cuidada decoración, aires románticos y mejor cocina, es Le Mariage (www.restaurantlemariage.nl)
Oficina de turismo en la ciudad: Calle  Hippolytusbuurt, 4 (en el centro, muy cerca de la plaza mayor). Existe un folleto tremenamente completo en castellano que nos darán gratuitamente
Página web: www.delft.com
No olvidar: Comprar algún queso. La variedad es tan grande que, a veces, resultará difícil decidirnos por alguno.

1 comentario:

  1. Cuando sea grande, quiero escribir tan bien como usted lo realiza. Uno queda bobo y con unas intenciones inmensas de visitar todos los lugares que usted recomienda. Es mi ejemplo a seguir en este mundo 2.0

    Saludos

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