jueves, 30 de junio de 2011

Bonifacio, entre acantilados


               La ciudad de Bonifacio se encuentra en el sur de Córcega, en el mar Mediterráneo. Su estratégica situación, frente a la isla italiana de Cerdeña, hizo que fuera, tanto esta localidad como toda la isla, deseada por multitud de civilizaciones y pueblos en la historia (griegos, fenicios, romanos, genoveses, etc.).
               Lo primero que observará el visitante en Bonifacio es la multitud de murallas que a lo largo de la parte alta la fortifican y defienden. El paseo por esta zona es tremendamente enriquecedor permitiendo conocer la historia del lugar y divisar perfectamente el estrecho que separa Córcega de Cerdeña. Además, al estar erigida sobre unos acantilados calizos, podemos ver cómo el mar parece llegar hasta los pies de Bonifacio. Para apreciar esto perfectamente nada mejor que tomar alguno de los barcos que, desde el puerto, salen llevando a los turistas por el mar en un recorrido de aproximadamente una hora. Con ello podemos observar, desde el mar, algunas casas de Bonifacio -casi colgadas de los acantilados-, las cuevas que la fuerza del mar ha ido realizando durante siglos, y conocer algunas playas y alrededores.
La elección de este asentamiento primigenio no fue casual. Además de su excepcional situación, la entrada al puerto era fácil de defender al no ser excesivamente ancha y permitir el abrigo y resguardo de las embarcaciones frente a posibles ataques enemigos e inclemencias del tiempo.

        En Córcega se come muy bien y Bonifacio no es, desde luego, ninguna excepción. En la parte sur, junto al puerto, hay multitud de restaurantes donde sirven las especialidades del lugar. Como nos encontramos en una ciudad marítima parece obligado, porque son muy buenos, pedir algún pescado. Conviene acompañarlo con buen vino de la zona. En la isla, como curiosidad, hay varias denominaciones de origen propias que son muestra de la extraordinaria calidad de estos caldos.  Un buen restaurante, por ejemplo, es Le Voilier. Además, la zona del puerto está, especialmente de noche, muy animada, siendo un emplazamientio ideal para dar un  paseo con los amigos.
No debe extrañarnos ver el puerto repleto de embarcaciones y yates de lujo. Es un destino muy cotizado para personas con cierto poder adquisitivo de Francia y otros países de Europa.
Si eres aficionado al golf estás de enhorabuena. A pocos kilómetros de Bonifacio se encuentra un precioso campo (Sperone Golf Club) donde el jugador disfrutará también de un paisaje espectacular, entre acantilados y rodeados de cristalinas aguas color azul turquesa.
Así pues, Bonifacio tiene todo lo que deseemos para pasar unos días inolvidables. Obviamente, ya que estamos en esta localidad debemos recorrer Córcega. Lo mejor es alquilar un vehículo pequeño para movernos y así disfrutar de la isla más montañosa que existe en el Mediterráneo, bañarnos en sus aguas, conocer sus ciudades (Ajaccio –la capital-, Porto Vecchio, Bastia, Calvi, Corte, etc.), adentrarnos en sus sierras y montañas, probar su gastronomía –poseen unos embutidos extraordinarios-, perdernos por sus pueblos y descubrir sus rincones.


Como curiosidad, en Córcega se hablan dos idiomas: el francés y el corso (muy parecido al italiano). Normalmente los letreros de las calles y señales de tráfico están en las dos lenguas.
Los griegos la llamaban “Kallisté”, la más bonita. Efectivamente, es una palabra muy adecuada para definir esta isla de contrastes, de playas de arena blanca y aguas azules, de sierras escarpadas, de bucólicos pueblos y preciosos hoteles con encanto.  Un destino ideal para cualquier estación del año, tremendamente seguro para el turista y particularmente novedoso pues, a día de hoy, puede presumir de no tener un turismo masificado.

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