domingo, 13 de marzo de 2011

Novi Sad, la otra Serbia

          De Serbia, como destino turístico, suele pensarse en el Danubio, en Belgrado o en la ruta de los monasterios ortodoxos. Todos ellos son clarísimos reclamos turísticos de un país que puede presumir de tener un extraordinario legado cultural, una belleza natural impresionante y ciudades dignas de serenos y tranquilos paseos.          
   Sin embargo, el turista normalmente se centra en esos itinerarios conocidos (su capital, las huellas romanas en estas tierras, los parques naturales ...) olvidando otros lugares cuya visita es casi obligada. Uno de estos casos es la ciudad de Novi Sad, situada al norte del país y también atravesada, como otras muchas, por el  legendario y caudaloso Danubio.

      
        Capital de la provincia autónoma de la Voivodina, es la segunda por población del país y, a pesar de ello, de su importancia económica y social tiene un aire de anonimato apenas entendible.
         Un detalle no le pasará desapercibido al viajero desde el principio: la majestuosidad de la fortificación de Petrovaradin que, elevada sobre una estratégica loma, descubre unas vistas difícilmente imaginables.
        La fortaleza cambió sus aires defensivos y bélicos para ser ahora lugar de encuentro de sus vecinos. Antiguas habitaciones convertidas en galerías arte, espacios rediseñados para ser restaurantes y explanadas que se transforman en preciosas terrazas panorámicas hacen de este lugar la primera visita de la localidad y punto de partida para adentrarnos, posteriormente, en la moderna Novi Sad, justo en otra orilla.




Es, en esta otra parte de la ciudad. donde apreciamos ese incesante palpitar de una localidad de tamaño humano, con un centro urbano no excesivamente grande, y donde parece estar todo casi al alcance de la mano. Puede decirse que los edificios administrativos, las iglesias, las tiendas, los bares y los principales restaurantes se agolpan en unas cuantas calles que parecen ir a parar a la plaza del Ayuntamiento (llamada “de la libertad”). Escenario éste que ha sido testigo mudo de cuantos cambios políticos y sociales acontecieron durante siglos. Ese corto pero intenso recorrido nos lleva a conocer el edificio neorenacentista del Ayuntamiento, la catedral católica -de estilo neogótico- la catedral ortodoxa o la estatua de Svetozar Miletic (uno de los más eminentes políticos y vecinos del XIX) y algunas casas de preciosas y ricas fachadas. Todo ello mezclado, como no podía ser menos en cualquier ciudad europea de estos tiempos, con las consabidas franquicias y restaurantes de comida rápida por todos conocidos.


Sería casi un pecado sin indulgencia no dejar que nuestros ojos disfruten del caudaloso Danubio, de las historias que este río lleva, de sus puentes (reconstruidos tras los bombardeos que sufrió la ciudad en 1999) y de los barcos que lo surcan mientras dejamos volar en estos parajes nuestra imaginación.
Ya que estamos aquí, no cuesta nada subirnos a algunos de los barcos que ofrecen cortos recorridos, de medio día, por el Danubio.
Conocer Novi Sad es darle a nuestro viaje un aire de descubrimiento.  Es salir de las rutas clásicas de Serbia; es acertar con la elección tomada. La mejor definición de esta urbe es la de una ciudad normal. Muy lejos, como la actual Serbia, de esas imágenes, a veces intencionadas, que durante años estuvieron en una especie de imaginario generalizado. Es fehaciente prueba de un país seguro, tranquilo, amable y tremendamente cariñoso con quien decide visitarlo. La animada vida cultural, sus festivales y la gran afluencia de público extranjero a estos eventos ratifican la normalidad de un país digno de ser conocido.
No quiero, por esta razón, dejar de mencionar su festival "Exit" (http://www.exitfest.org/), una certamen de música que agrupa en verano, especialmente en las cercanías de Petrovaradin, a miles de visitantes venidos de todo el mundo
              La mayor dificultad puede que la tengamos con el idioma: el serbio. Se escribe en alfabeto cirílico, por lo que es imposible, para la mayoria de nosotros, entenderlo. No obstante, hay numerosos letreros que están escritos en alfabeto cirílico y latino. Además, en las grandes ciudades no tendremos problemas con el inglés.


         Finalmente, recordaros que para viajar a Serbia es suficiente  el  D.N.I. en vigor, no precisándose visado.


 

1 comentario:

  1. Hace un rato hablabamos en la casa rural de La Aceña sobre Serbia y ahora lo encuentro en tu blog. Un saludo bien grande.
    Te sigo amigo!

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